domingo, 16 de mayo de 2021

Nos visita Berta García Faet:El poema de la semana

 El pasado viernes 14 dentro  XVII Seminario Internacional de poesía organizado por el colectivo La manzana poética, que en esta edición mira a Portugal bajo el epígrafe Lenguas peninsulares, tuvimos el placer de contar con Berta García Faez.

Considerada una de las voces fundamentales de la nueva poesía española, una voz firme de la poesía actual que juega con el lenguaje estirándolo, escribiendo, rasgueando palabras entre idiomas, quizás por el hecho de haber vivido en Nueva York, Barcelona, Madrid, Nantes y Boston.

BERTA GARCÍA FAET (Valencia, España, 1988). Autora de los libros Los salmos fosforitos (2017), Premio Nacional de Poesía Joven “Miguel Hernández” 2018.Según el jurado: Se trata de una obra «que lleva a nuevos límites la poesía, combinando la inteligencia, el humor, la emoción y el chispazo lírico».; La edad de merecer (2015) y otros cuatro poemarios: Fresa y herida, Introducción a todo, Night club para alumnas aplicadas Manojo de abominaciones reunidos en Corazón tradicionalista: Poesía 2008-2011 (2017).

¿Qué encontramos en la poesía de Berta?

El amor romántico (y su desmitificación, o depende), el sexo, la menstruación, la inquietud política, el embarazo, las arenas movedizas de la identidad, dudas, perplejidades, anhelos, meditación sobre la feminidad, describe algunos instantes que como mujer  me siento  identificada y que , menos mal, con el paso de los años han ido perdiendo su valor, su importancia. ”La literatura viene de la vida y va a la vida”.

CORTEJO Y SUFRIMIENTO

                                                             La belleza es ese misterio hermoso 

                                                                                                               que no descifran ni la psicología ni la retórica. JORGE LUÍS  BORGES

Anoche agonizaste, expiraste

al depilarte las ingles. Torquemada en el bidet.

Calma, hay talco. Luego vinieron las cejas,

las axilas. También te rasuraste: pensaste

intensamente

 en por si acaso…

Y te flagelaste los muslos con crema hidratante

de soja y, como es natural,

llevas relleno. Enero. Tres grados. La minifalda

te duele. Aún hay que llegar al restaurante famoso…

Te escuecen los ojos. Alergia. Se hinchan,

granates. Pero el rímel los dignifica.

Pestañeas despacio a lo Lauren Bacall,

y las manos te sudan: te las secas en la trenca

por si él decide darte alguna de las suyas…

Y no te ríes: hay que esconder las encías

y esas palas indomables desde siempre,

y te obstinas en ponerte tú a la izquierda,

para que no vea más que tu lado bueno,

y si te pregunta algo te aclaras la voz

y respondes débilmente. Tienes

que ser femenina y tierna. Y los tacones

de once centímetros (y cien unidades

monetarias), esos fusiles de corazones,

esos hijos de Dior, te pasean un puñal

por los pies, sanguinarios y elegantes.

Basta, piensas, basta. Y entonces te dice

al oído: “estás preciosa”. Así que show

must go on… Bella y ridícula, le das las gracias

con el primer beso de la noche. El carmín

no se ha borrado, tal y como prometía Yves Rocher.

Recursos ortotipográficos. Tachar versos enteros para sustituirlos por otros dando la sensación de corrección, de duda. ¿Forman parte de su proceso de escritura? Falta de signos de puntuación, aunque no de sintaxis.

Alterna verso y prosa y crea poemas con estructuras complejas, poemas, generalmente largos y discursivos, improvisaciones alrededor de algún motivo que funciona como detonante o excusa para una indagación concreta.

poema sobre mirar el cielo de noche y pensar muchas cosas

yo que opino que la hipermetropía es una manera legítima de existir y que intento ser una buena persona y que estudio mucho ética y metaética y yo que lloro mucho con david hume y con los galgos maltratados y con los viejos maltratados y con la contaminación de las heces de las gallinas y sus obscenas celdas del tamaño de un folio A-4 y sus viscosas fiebres del tamaño de un subcontinente y yo que creo en los tirabuzones de los páramos y yo que ignoro todo y me pregunto qué hacer sin lenin y con cielo qué hacer con el mundo y su cabello cardado y reseco y cómo tocar sus huesos arcaicos y su praxis y el humo de su belleza impenetrable y yo que siempre siento la presencia de un humo fratricida del sabor umami de la leche cuando quiero verter una palabra amable y desaliñada en la gorra entreabierta del mendigo o del músico y yo que sé bastante del amor y que lucho activamente aunque con sueño o con sueños excesivos a favor de la pandemia global del perdón y de esperanza que arrase el planeta tierra tal y como lo desconocemos de una vez por todas y yo que sueño excesivamente sueños de carácter excesivamente erótico y a veces perverso y abrupto y que nunca le perdonaré a mi especie auschwitz rosa parks el estado-nación el dinero el niño muerto y yo que olvido mucho y que propongo encender una vela con todos vosotros juntos para recordar todos nuestros olvidos y yo que hurgo en la ranura del logos y no encuentro nada y yo que tengo un progenitor A y un progenitor B y un hermano y una hermana y yo que aun así ignoro todo de la muerte y me pregunto qué cantar cuando anochece y qué cantar que no insulte al famélico o al translúcido o a la mujer bajo las piedras del odio y yo que tirito con virginal desasosiego en el instante crítico de tener que elegir un campo favorito o un animal favorito o un juicio moral verdadero tan solo un juicio moral verdadero yo me río un poco con envidia un poco con amargura sí lo admito me río un poco con amargura un poco con envidia un poco con resentimiento de la seguridad ontológica del hombre medieval, qué enternecedor. (La edad de merecer)





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