Hasta el siglo XII la prosa literaria estaba escrita en latín. Gracias al impulso renovador de Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo, la lengua castellana alcanzó la madurez necesaria para la aparición de los primeros textos narrativos.
ALFONSO X, EL SABIO
Alfonso X pretendió conservar por escrito todo lo que tenía importancia política, social, económica o científica,
de ahí la gran variedad temática que presenta su obra.En los siguientes enlaces podéis ver los manuscritos de sus interesantes libros:
Además de su obra en prosa, hay que recordar que escribió las Cantigas de Santa María en gallego portugués.
COLECCIONES DE CUENTOS o EXEMPLOS
A lo largo del siglo XIII, el castellano
servirá ya también de vehículo a la prosa de ficción. Son numerosas las
colecciones de cuentos o exemplos también de origen oriental, como el Calila e Dimna y el Sendebar.
Calila e Dimna
es una colección de cuentos de origen oriental, que se ciñen al modelo
de preguntas y respuestas propio de los manuales de educación de
príncipes. En este caso, el diálogo se produce entre un rey y un
filósofo. Las preguntas dan paso a fábulas protagonizadas por animales
entre los que dos chacales, Calila y Dimna, son los que más relatos
protagonizan. Don Juan Manuel copiará la estructura de este libro para
su Libro del conde Lucanor.
El Sendebar, también llamado Syntipas o Libro de los engaños (debido a su título completo, Libro de los engaños e los asayamientos de las mujeres), es un libro de cuentos o exempla castellano de mediados del siglo xiii, que recoge una colección de cuentos árabes que a su vez proceden de la tradición cuentística persa o hindú.
El pretexto narrativo que
enmarca los cuentos es la leyenda del hijo único de Alcos, rey de
Judea, que rehúsa los ofrecimientos amorosos de una de las mujeres del
harén de su progenitor. Este rechazo provoca que la cortesana lo acuse
falsamente de intentar violarla, en conexión con el motivo bien conocido
de la madrastra malvada. El joven príncipe es sentenciado a muerte y,
por consejo de su ayo Çendubete, se ve obligado a guardar silencio por
espacio de siete días. Para entretener la espera de su destino, los
sabios de la corte le narran cuentos que, en correspondencia con estos
antecedentes, tienen carácter misógino; entre estos, su madrastra cuenta
otros que tienen por objeto condenar al infante. El desenlace,
sentenciado por el rey, es la condena de su madrastra a morir en un
“caldero seco” al fuego, mientras que el príncipe se salva.
Don Juan Manuel continuó la labor iniciada por su tío, Alfonso X, puede considerarse el máximo representante de la prosa del siglo XIV.
Su obra presenta una gran variedad temática: la vanidad, la hipocresía, la justicia, la caza, la honra, la riqueza o la amistad. Todos ellos tratados, sin embargo, con un clara intención didáctica y moral.
Este autor tiene una clara conciencia de escritor, por lo que en sus obras muestra su voluntad por cuidar el estilo. Emplea un estilo que muestra su preocupación por el lenguaje, con un amplio vocabulario, una adjetivación exacta y un uso excesivo de oraciones copulativas, lo que imprime a sus escritos un ritmo lento.
La producción literaria de don Juan Manuel incluye obras como el Libro de los castigos y consejos a su hijo don Fernando, el Libro del caballero y el escudero, el Libro de los Estados y el Libro de Patronio o El Conde Lucanor.
De toda su obra destaca especialmente el Libro de Patronio o El Conde Lucanor. Su título completo y original en castellano medieval es Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio (Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio).
El libro está compuesto por cinco partes, la más conocida de las cuales es una serie de 51 exempla o cuentos moralizantes tomados de varias fuentes, como Esopo y otros clásicos, así como de cuentos tradicionales árabes.
"Este libro fue escrito por don Juan, hijo del muy noble infante don
Manuel, con el deseo de que los hombres hagan en este mundo tales
obras que les resulten provechosas para su honra, su hacienda y
estado, así como para que encuentren el camino de la
salvación. Con este fin escribió los cuentos
más provechosos que él sabía, para que los
hombres puedan guiarse por medio de ellos, pues sería
extraño que a alguien le sucediera alguna cosa que no se
parezca a alguna de las contadas aquí."
Los cuentos siguen la misma estructura:
Integración de los ejemplos en un
relato-marco: el conde Lucanor plantea un problema sobre la honra, la
hacienda o el estado a su consejero Patronio.
Patronio propone la solución a través de
un cuento, del que se puede extraer una moraleja. El cuento tiene una
estructura cronológico lineal: presentación, nudo y desenlace.
El conde aplica la enseñanza y le va bien.
Don Juan Manuel aparece como personaje y resume la moraleja en un pareado. Esta moraleja es siempre más práctica que moral.
Jorge Manrique debe su fama a sus "Coplas a la muerte de su padre", el Maestre
don Rodrigo. Con esta obra quiso el poeta rendir tributo al que fue su ejemplo
en la vida, e inmortalizando al héroe, se inmortalizó a sí mismo. Se trata de
una dolorosa elegía en la que lamenta sentenciosa y melancólicamente la
inestabilidad de los bienes de la fortuna, la fugacidad de las vidas humanas y
el poder igualatorio de la muerte. La virtud personal es lo único que desafía
al tiempo y al destino. Tras una reflexión filosófica con la esperanza de una
vida futura, hace el elogio fúnebre de su padre.
Manrique
basa su poema en el contenido: hace que predomine el pensamiento sobre la palabra,
lo que le convierte en el poeta medieval más influyente en la poesía moderna.
Jorge
Manrique nos ofrece en sus Coplas una serena meditación impregnada de un sentimiento hondo
y sincero, no exento de melancolía, del paso del tiempo, la caducidad de todas las
glorias y bienes mundanos, la inestabilidad de la fortuna y la fuerza
igualitaria de la muerte que no respeta poderes ni riquezas. Pero al mismo tiempo
se exalta los bienes que resisten el paso del tiempo, la inestabilidad de la fortuna
y el poder destructor de la muerte. Son las virtudes que nos abren las puertas
de la eternidad, conquistada con el ejercicio de una vida cristiana ejemplar.
Así el
hombre puede desafiar al tiempo como lo hizo su padre don Rodrigo Manrique.
Métrica
El texto está compuesto por 40 estrofas (coplas) de pie quebrado.Cada copla está compuesta por dos sextillas (6 versos) con rima independiente.
Cada sextilla tiene dos partes de tres versos cada una: 2 versos
octosílabos y uno tetrasílabo (o pentasílabo).
Su fórmula métrica
es por tanto: 8a 8b 4c 8a 8b 4c; 8d 8e 4f 8d 8e 4f:
Había sido
utilizada anteriormente por otros poetas, pero adquirió su mayor difusión con Jorge
Manrique, por lo que ha pasado a denominarse "copla manriqueña".
Temas y
tópicos
En Las
coplas a la muerte de su padre se recoge una constelación de temas procedentes
del complejo cultural elaborado a lo largo de toda la Edad Media. Este bagaje
tradicional sobre el que se construye nuestro poema queda definido por un conjunto
de tópicos en torno a los cuales se articula el pensamiento medieval.
Estos
tópicos consisten en una serie de verdades que, sancionadas por la autoridad de
la Iglesia, eran asumidas con toda sinceridad. Sobre ellos se sustentaba una visión
global del mundo que establecía el cauce del comportamiento humano.
Manrique
lleva a cabo una cuidada selección de estos temas básicos y nos los presenta
formando un entramado que los relaciona hábilmente entre sí. Esta es la razón
de que en su poema se haya querido ver una brillante síntesis de la cultura medieval.Los temas más importantes son los siguientes:
TIEMPO (Tempus
fugit irreparabile)
Siempre
acompañado de la idea de fugacidad, de fluir constante. El presente no existe,
ya que es imposible capturarlo, el futuro se va transformando en sucesivos presentes
inasibles, por lo que al final, todo se reduce al pasado; esto nos introduce al
cultivo de lo espiritual pero no evita la angustia de sabernos de materia
temporal y fugaz.
LA FORTUNA
La Fortuna
es un azar ciego que desencadena las tragedias humanas. Se la representa como
una rueda presurosa e inestable que reparte caprichosamente la felicidad y la
desgracia. Esta es la interpretación pagana que coincide con la de la Antigüedad
Clásica. Pero esta interpretación no es conciliable con el cristianismo, para
el que todos los acontecimientos obedecen a los designios de la Providencia; por
eso algunos poetas la presentan como una delegada de Dios. La imagen que
presenta Manrique se aproxima a la concepción pagana: su naturaleza mudable es un
motivo más para que el hombre rechace los bienes de este mundo.
EL MUNDO (Vanitas
vanitatis y De contemptu mundi)
El Mundo es
un lugar de paso, una morada provisional y ajena donde el hombre tiene la
oportunidad de conseguir la salvación de su alma. Las reflexiones
sobre la vida y la muerte, parten del supuesto de que nada en este mundo posee
auténtico valor; la actitud sabia
consistirá pues en desdeñar todo lo terrenal. Los valores del mundo carecen de
consistencia por estar sometidos a la acción de tres claros enemigos: el
tiempo, la fortuna y la muerte. Lo único cierto es la caducidad de los bienes
terrenales. Los bienes mundanales( belleza,
juventud, fortuna, poder...), con el paso del tiempo y la muerte se terminan,
desaparecen. El mundo es el enemigo del alma y la muerte, la verdadera (la
muerte como tránsito =idea cristiana). El mundo es inmundo.
Sin embargo,
la serenidad con que Manrique enfrenta a la muerte lo aleja del espíritu del
género medieval
De contemptu
mundi (Sobre el menosprecio del mundo), que retrataba la vida como una sucesión
de miserias y presentaba la muerte como una fétida y vergonzosa derrota del
cuerpo.
LA FAMA
Dentro de la
visión teocéntrica de la Edad Media, el hombre sólo encontraba su sentido en la
subordinación a los valores religiosos, de forma que toda labor personal de
mérito, se diluía en la colectividad, de aquí que la mayor parte de autores
quedaran en el anonimato. En el s. XV se afianza una visión antropocéntrica de
la realidad modificándose la perspectiva; las obras se convierten en objeto de
admiración hacia su autor.
Para
Manrique, es la memoria ejemplar que los que mueren legan a los que quedan. Manrique
considera que la virtud es la única defensa no sólo frente a la fortuna, si no
también frente al tiempo y la muerte. La fama, consecuencia de una vida de
honor, vence al tiempo y sobrevive a la muerte. Así, al presentar el retrato de
su padre, insiste en que sus hechos famosos son una consecuencia de su vida ejemplar.
De aquí se desprende la teoría de las tres vidas: la terrenal, la de la fama y
la eterna. De todas formas, la fama también es efímera porque la vence el olvido.
De modo que, la única manera de derrotar a la muerte es con la vida eterna, la
de los bienaventurados en el paraíso.
LA MUERTE
A finales de
la Edad Media, se produce auténtica obsesión por la muerte. Este hecho coincide con el pesimismo provocado por el
desastre económico y demográfico que causa la peste negra y que deja
veinticinco millones de víctimas mortales en Europa a fines del siglo XIV. Las
epidemias y los enfrentamientos bélicos hacen lógico que las gentes pensaran que
su muerte podía ser inminente y que en muchas personas se despertara el deseo de
entregarse a los placeres de la vida antes de abandonarla.
Para evitar
esa reacción hedonista apareció en la segunda mitad del XIV un nuevo espectáculo
a caballo entre el folclore y la literatura: las Danzas de la
Muerte, en las que ésta invita a bailar a diferentes personajes: el rey, el
obispo, el médico, etc.
Es la
muestra del poder igualatorio de la muerte. La presencia de la muerte misma como
personaje pintado con rasgos horripilantes (el esqueleto con la guadaña), que señala
a cada mortal con el dedo. La muerte es el corifeo de una danza macabra en la
que hay que participar inexcusablemente.
Manrique
aprovecha varios de los rasgos de la danza, en particular la caracterización de
la muerte como un personaje alegórico que llama a su padre para
afrontar el duro trance que le espera. Sin embargo, optó por representarla de una
forma más bella que tétrica, como complemento de la vida. Don Rodrigo mantiene un
diálogo tranquilo con la Muerte y no usa el tono rebelde e insolente de los
personajes de las Danzas.
Las Coplas
reflejan la influencia de ciertos manuales prácticos que aparecieron a
principios del siglo XV, las Artes moriendi (Artes de morir), escritos en latín
y que daban consejos para tener una muerte digna y plácida.
Así pues,
Manrique recoge toda la tradición medieval sobre la muerte que había venido
destacando:
•su poder
igualatorio y democrático: la vida discrimina, pero la muerte nos iguala
•su
aparición imprevisible e inoportuna
•su poder
destructor
•su carácter
ineludible
•su imagen
macabra
•su crueldad
Pero,
Manrique supera esa concepción aterradora para darle otra trascendente. Si la
muerte es una realidad incuestionable, el hombre debe:
•aceptarla
con serenidad
•considerarla
como el descanso del mundo,la liberación de las penalidades y la puerta de
la eternidad si has llevado una vida heroica y virtuosa.
Para
ejemplificar con referencias concretas la fugacidad e inestabilidad de los bienes
mundanos recurre a la convención retórica del Ubi sunt? (¿Dónde están los que
vivieron antes que nosotros?) consistente en preguntar por el paradero de poderosos
personajes del pasado inmediato; pero la respuesta es el silencio. Este silencio
representa a lo que han sido reducidos por la Fortuna, el Tiempo y la Muerte: a
la nada.
Estructura y Análisis
Si bien
existen diversos intentos para dividirlas, la más frecuente es la DIVISIÓN TRIPARTITA
(recordemos que el 3 es un nº clave para la numerología medieval). La más
repetida es la que propuso Pedro
Salinas: de lo más general a lo más particular
1) COPLA
I-XIII: es la parte más filosófica. Se inicia el poema con unas consideraciones
de tipo general en torno a la fugacidad de la vida terrenal y la
inestabilidad de las cosas mundanas.
2) COPLA
XIV-XXIV: ejemplificación de los puntos anteriores.
Alude a otro
tipo de vida menos efímera: la vida de la fama y la ilustra con un lucido y
solemne desfile procesional de muertos ilustres perfectamente jerarquizado:
a la cabeza el rey don Juan y detrás toda la corte de grandes señores.
3) COPLA
XXV-XL: Introduce el tercer tipo de vida, la que triunfa sobre las otras dos:
la vida eterna, ejemplificada en Don Rodrigo Manrique. Aquí se produce la
individualización del tema del poema: la muerte. Finaliza pues, con el elogio
particular de don Rodrigo (esta parte se inscribe dentro de la tradición
literaria del panegírico de héroes y soberanos) y el diálogo que mantiene con
la muerte, tras el cual viene la aceptación, la oración final y el paso definitivo.
Sabemos que nació en Córdoba en 1411. Su presunta condición de converso ha sido discutida. Quedó huérfano desde muy niño. Debió de estudiar en su ciudad natal, hasta que a los veintitrés años se trasladó a Salamanca. Posiblemente, se licenció como maestro en artes. Marchó luego a Italia, tal vez bajo la protección del cardenal Juan de Cervantes; debió de ser un viaje fundamental para su formación humanística. Se ha dicho que regresó pronto a España, hacia 1434. Sin embargo, Beltrán de Heredia, a raíz del hallazgo de unos documentos en el Vaticano, quiere demostrar que estuvo en Florencia en 1442 y 1443 con la corte pontificia y que era clérigo, extremo que no ha sido suficientemente dilucidado.
De regreso a España, fue nombrado secretario de cartas latinas por Juan II y cronista oficial, probablemente en 1444. Era, además, caballero veinticuatro de la ciudad de Córdoba. El resto de su vida se desarrolló en círculos cortesanos donde gozó de gran favor. Se mantuvo siempre fiel al rey Juan II y al condestable Álvaro de Luna, a quien elogió en más de un poema. Sin embargo, cuando éste fue decapitado, aceptó de Juan II una renta anual procedente de los bienes confiscados al condestable. Probablemente se casó dos veces, la última poco antes de su muerte; no tuvo descendencia.
Una vez fallecido Juan II, se retiró de la corte. Murió en Torrelaguna en 1456.
PEDRAZA, Felipe B. y RODRÍGUEZ, Milagros (1984), Manual de literatura española. Edad Media (1), Pamplona: Cenlit.
Fue uno de los mejores latinistas de su época. Compuso numerosas cantigas y decires amorosos de tono intelectual y estilo artificioso. También escribió la Coronación del marqués de Santillana y las Coplas a los pecados mortales. No obstante, su obra más destacada es el Laberinto de Fortuna, conocido también como Las trescientas, por ser éste el número de estrofas que componen la obra. Es un extenso poema en coplas dodecasílabas, de carácter alegórico y, de nuevo, con evidente influjo de la Divina Comedia de Dante. El argumento es sencillo: Juan de Mena es arrebatado en el carro de Belona, la diosa guerrera, tirado por dragones y es conducido al palacio de Fortuna. La Providencia, que acude a recibirlo en una nube muy grande y oscura, le muestra la máquina del mundo, formada por "muy grandes tres ruedas", dos inmóviles (la del pasado y la del futuro, que aparece velada) y una en perpetuo y vertiginoso girar, el presente. En cada rueda hay siete círculos: el de Diana, morada de los castos; el de de Mercurio, de los malvados; el de Venus, lugar donde se castiga el pecado sensual; el de Febo, retiro de los filósofos, oradores, historiadores y poetas; el de Marte, panteón de los héroes muertos por la nación; el de Júpiter, sede de los reyes y príncipes y el de Saturno, solio que ocupa únicamente Álvaro de Luna, privado del rey.
Su afán por crear un lenguaje poético que pusiera la lengua castellana al mismo nivel de solemnidad y perfección que la latina le llevó al uso de cultismos, hipérbatos y alusiones de carácter mitológico, histórico, etc., que hicieron de su lengua poética un modelo de gran dificultad. Un ejemplo, Juan de Mena define el amor con tres adjetivos que hoy nos resultan totalmente desconocidos: “el amor es ficto, vaníloco y pigro” (o lo que es lo mismo:”el amor es falso, de habla vana y perezoso”). Estos tres adjetivos son transposiciones de palabras latinas (fictus, vaniloquus y pigrus) que nunca se incorporaron al léxico castellano.
¿Os interesa saber de qué trata el Laberinto de Fortuna? Fácil, hacéis clic aquí y disponéis de una edición digital de la obra.
¿Os ha intrigado la obra completa de Juan de Mena? Aquí la tenéis enterita, con la Coronación del marqués de Santillana y las Coplas a los pecados mortales.
Fernando de Pulgar en sus Claros varones de Castilla (1486), dejaría de él un expresivo retrato:
"Fue ombre
de mediana estatura, bien proporcionado en la compostura de sus mienbros y
fermoso en las faciones de su rostro [...] Era ombre agudo y discreto, y de tan
grand coraçón que ni las grandes cosas le alteravan ni en las pequeñas le plazía
entender. Era cavallero esforçado y ante de la fazienda cuerdo y templado y
puesto en ella era ardid y osado [...] Fue capitán principal en muchas batallas
que ovo con christianos y con moros, donde fue vencedor y vencido [...]
Governava asimismo con grand prudencia las gentes de armas de su capitanía y
sabía ser con ellos señor y compañero, y ni era altivo en el señorío, ni raes
en la compañía [...] Tenía grand copia de libros y dávase al estudio,
especialmente de la filosofía moral y de cosas peregrinas y antiguas. Tenía
siempre en su casa doctores y maestros con quien platicava en las ciencias y
leturas que estudiava [...] Tenía grand fama y claro renonbre en muchos
reinos fuera de España, pero reputava mucho más la estimación entre los sabios que
la fama entre los muchos".
Íñigo López de Mendoza, conocido como el Marqués de Santillana, fue un hombre de una vasta cultura. Intervino activamente en la corte de Juan II, pero compaginó su vocación política y militar con el cultivo de la literatura. Como poeta utilizó las formas de la poesía culta castellana, pero también se acercó a las formas y a los temas de la poesía italiana.
Entre sus poemas de arte mayor son notables la Comedieta de Ponza (composición en 120 estrofas, con una clara voluntad de imitación de la Divina comedia de Dante), y la Defunción de don Enrique de Villena. Como experimentador de las formas métricas italianas procedentes de Petrarca, llevó a cabo los primeros intentos por introducir el verso endecasílabo en nuestra lengua con sus Sonetos fechos al itálico modo.
En 1437 es enviado a Córdoba y a Jaén, arrebatando a los moros Huelma y Bexia. De sus andazas por estas tierras es su serranilla La vaquera de la Finojosa.
Se conoce como poesía trovadoresca a aquella que fue cultivada por los trovadores entre los siglos XII y XIII. Es expresión del código de valores del “amor cortés”. Estamos hablando, así pues, del primer tipo de poesía cortesana y culta que utiliza una lengua vulgar y también de un hito fundamental en los orígenes de la música profana.
Su influencia en la lírica europea durante los siglos posteriores es enorme pues provoca imitaciones en otras lenguas europeas, sobre todo en francés, catalán, galaico-portugués (cantigas) o alemán (minnesang).
Este tipo de poesía recibe también el nombre de poesía provenzal porque nació en la Occitania, una región que en la Edad Media abarcaba el sur de Francia y cuyo epicentro estaba en la región de la Provenza. Además contaba con un idioma romance propio: el occitano o provenzal.
Los trovadores pertenecían fundamentalmente a la nobleza y fueron músicos y poetas medievales que componían sus obras y las interpretaban acompañadas de música en las cortes señoriales europeas pero no solo por intereses económicos ni de manera ambulante (como los juglares). Los trovadores eran enormemente respetados y había entre ellos desde nobles hasta plebeyo. Su público era, fundamentalmente, una aristocracia cada vez menos guerrera y más refinada.
El primer trovador del que se tiene noticia fue Guillermo de Poitiers (1071-1126) después le siguieron otros muy destacados como Adam de la Halle, Jaufre Rudel, Ricardo Corazón de León o Guillebert de Berneville. Además también los hubo españoles, como el gallego Martín Codax y el catalán Rimbaut de Vaqueiras.
El arte de “trovar” (trovar significa “encontrar”, “hallar”) sólo podía adquirirse mediante el estudio y la creación meditada. El poema trovadoresco era, ante todo, una canción para ser acompañada con el violín o con el arpa. Según el tema, se distinguían diversos subgéneros dentro de la poesía trovadoresca:
Cansó: poesía amorosa de refinada expresión literaria.
Sirventés: poema satírico-burlesco, de ataque personal o crítica moral a la sociedad.
Pastorela: encuentro de un caballero con una bella pastora.
Planto: lamento fúnebre, está considerado el antecedente de la elegía.
Tensó: debate entre dos poetas en torno a un tema común.
En las obras de la poesía trovadoresca domina una nueva concepción amorosa: el amor cortés. Se trata de una adaptación del feudalismo a la relación amorosa entre miembros de la nobleza. Por un lado y con una actitud enteramente pasiva tenemos a la dama (noble y casada en muchas ocasiones), y por el otro al poeta (obediente vasallo enteramente a su servicio) que la ama apasionadamente en secreto, con sinceridad y espíritu caballeresco. Este amor imposible hace sufrir al enamorado, pero también lo perfecciona, pues es un proceso de purificación y espiritualización. Así la dama, muy divinizada, se convierte en inspiradora de las composiciones poético-musicales del trovador.
Aquí tenéis a uno de los primeros trovadores, Marcabrú, con su poema Bel m’es quan li fruch madur:
También hubo mujeres trovadoras, es el caso de Beatriz de Dia, de quien podéis escuchar la composición “Ab et ab joven m’apais”:
A finales del siglo XIII la poesía trovadoresca provenzal comienza a declinar, víctima de su propia perfección formal y de su monotonía temática. Al mismo tiempo, en Italia, la escuela poética florentina , con el llamado dolce still novo, supera ese esquema al introducir ciertas variantes como un mayor análisis psicológico, cierta tendencia hacia la espiritualización de la relación amorosa y la configuración del tópico de la donna angelicata (dama angelical). Aunque se inspiren en mujeres concretas, como sucede en el caso de Dante con Beatrice, la amada se presenta como reflejo de la bondad y la belleza divinas y no como un auténtico ser humano.
Un tópico o “lugar común”, aplicado a la literatura, puede definirse como aquel esquema del pensamiento y de
la expresión ya prefijados; es decir, que podemos rastrear en sus orígenes e influencias. La mayoría de ellos
proceden de la literatura clásica grecolatina.
Tópicos propios de la Edad Media.
Ubi sunt? (o "¿dónde están?", "¿qué se hicieron?"). Lamenta la desaparición de las grandes glorias pasadas a través
de la ruina de sus monumentos o el olvido de sus grandes hombres y hazañas. Jorge Manrique en las Coplas a la
muerte de su padre toca este tópico, formulando una serie de preguntas retóricas sobre el destino de caballeros,
damas, galas, amores, músicas, bailes: todo desaparece.
Este "ubi sunt" se convertirá en uno de los tópicos más
célebres. Los versos a los que aludimos son:
¿Qué se
hicieron las damas,
sus
tocados, sus vestidos,
sus
olores?
¿Qué se
hicieron las llamas
de los
fuegos encendidos
de
amadores?
¿Qué se
hizo aquel trovar,
las
músicas acordadas
que
tañían?
¿Qué se
hizo aquel danzar,
aquellas
ropas chapadas
que traían?
Puer senex ( o "niño viejo"). Un joven pide consejo a un sabio anciano y experimentado y lo sigue con gran
beneficio. El Conde Lucanor, por ejemplo.
El hombre como microcosmos o espejo del macrocosmos o universo. Aristóteles dijo que el hombre era como un
universo pequeño, pues en él se reflejaban las mismas características que en el universo mayor. Así, está
compuesto de cuatro humores de la misma manera que el universo de cuatro elementos; tiene siete aberturas que
corresponden a los siete planetas, su cabeza es el cielo y su cuerpo la tierra, etc...
Nihil novum sub sole (o “nada nuevo bajo el sol”). Tiene origen bíblico y alude a la repetición constante, a
que en realidad todo es siempre lo mismo. Libro divino de la naturaleza. Según los escolásticos, Dios compuso dos libros: la Biblia y la Creación. Así pues, no
sólo se puede alcanzar a Dios leyendo las escrituras, sino que a través de la contemplación de la perfección de la
naturaleza y sus criaturas puede el hombre elevarse mediante ese conocimiento o ciencia hasta Dios.
Homo viator ( u "hombre caminante" o peregrinaje ). La vida es un viaje que nos va cambiando y purificando
transformándonos en otras personas más sabias y maduras conforme atravesamos por diversas experiencias y
desengaños. Es el “todo pasa y todo queda” de Antonio Machado o la referencia de Berceo en la introducción a
los Milagros de Nuestra Señora, en que compara al hombre con un romero o peregrino.
Vita flumen (o “la vida como río”). Una variante del anterior. Es la idea de entender la vida como un río que
desemboca en el mar, que es la muerte. Las resonancias son manriqueñas
Nuestras
vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los
ríos caudales,
allí los
otros, medianos
y más
chicos,
allegados
son iguales
los que
viven por sus manos
y los
ricos.
La muerte igualadora. En la Edad Media, sobre todo en las danzas de la muerte, se veía a ésta como la gran
niveladora de las diferencias sociales en vida insalvables, pues hacía tabla rasa "desde el Papa hasta el que no
tiene capa". El hecho de que todos seamos iguales ante la muerte lo podemos ver en la Danza general de la
muerte del S XV.
Magister dixit ("el maestro ha dicho" o argumento de autoridad ). En la Edad Media las opiniones escritas se
respetan no por su verdad intrínseca, sino por el prestigio de quien lo ha afirmado; no se discute lo que han dicho
las grandes figuras, porque no existe sentido crítico. El sentido crítico aparecerá en el Renacimiento cuando la
imprenta vulgarice la lectura y multiplique el número de los libros y, por tanto, el número de contradicciones y de
opiniones divergentes.
Todo compuesto, según peso y medida. La mayor parte de las obras medievales poseen una curiosa superstición
por la composición según números, cuyo caso más visible es la Divina comedia, compuesta en tres partes por tercetos (estrofas de tres versos) y con tres personajes principales, entre otras curiosidades. Asimismo, todos los
poemas de Berceo siguen una estructura tripartita, existe una superstición artística por el número áureo, etc.
Vanitas vanitatum ( o "vanidad de vanidades, y todo es vanidad", Eclesiastés). Nada merece la pena o el esfuerzo
por conseguirlo, porque no es posible alcanzar satisfacción, todo se reduce a polvo.
Militia amoris ( o el amor como “contienda bélica ). Procede de Ovidio (Amores, I 9).
Flamma amoris ( o el amor como “llama de fuego” ). De origen clásico.
Fortuna imperatrix mundi (la fortuna es la emperatriz del mundo) o rueda de la fortuna. La fortuna todo lo
trastoca: eleva al malvado y arroja a la miseria al virtuoso; este tópico nace del De cosolatione Philosohiae de
Boecio.
Captatio benevolentiae (o captura de la bienquerencia ). El autor empieza modestamente (excusatio propter
infirmitatem) fingiendo inseguridad o simulando torpeza y escaso saber para ganarse la benevolencia del lector. Es
propia de los prólogos y comienzos de obras.