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sábado, 5 de junio de 2021

Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.... Calderón de la Barca

 


Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) da el segundo impulso a la revolución teatral del siglo XVII, incorporando a la escena los recursos básicos del estilo barroco: los juegos conceptistas, las metáforas gongorinas y su solemnidad sintáctica. Su técnica, que subordina todo a un motivo central,  y una complicada escenografía siguen también los principios barrocos. Con ellos, consolidando las líneas fundamentales de Lope, acuña una nueva fórmula de producción teatral que gozó de enorme popularidad.

Aquí tenéis un vídeo introductorio sobre su vida y su obra

 Si en Lope hemos encontrado una ingente obra dramática, de invención apresurada y espontánea naturalidad, Calderón presenta menos producción, más meditada y reflexiva, con una artificiosa expresividad formal. Lo que en Lope eran elementos populares es en Calderón aristocratismo y elementos morales. La finalidad estética y lúdica de Lope es en Calderón dramatización artística con propósito educativo.

 Hombre de sólida formación intelectual, su concepción del mundo es matizadamente pesimista. Su visión desengañada de la vida tiene sus raíces en la Biblia, en la filosofía estoica de Séneca, en San Agustín, Santo Tomás de Aquino y la teología contrarreformista. Al igual que otros escritores del Barroco, Calderón concibe el mundo como una feria de vanidades y a los seres humanos como personajes de ficción de una obra de teatro. Sin embargo, para Calderón, la existencia humana, pese a su levedad, ni viene de la nada ni está abocada irremediablemente a ella tras la muerte. Dios la justifica y llena de dignidad y esperanza. Así, el sentido trascendente de la existencia libera al hombre de los dos sentimientos que más le angustian: el de la culpa por haber nacido —el de su origen— y el de la muerte. Además de los grandes problemas existenciales que plantea su teatro, algunos de los valores (como el honor) por los que se regía la sociedad española del siglo XVII tampoco escapan a la mirada crítica de este dramaturgo.

 En esta  página del Centro Virtual Cervantes podéis encontrar datos biográficos, un análisis de su producción dramática y un excelente trabajo en el que se relacionan diversos fragmentos de la obra de Calderón con pinturas de la época.

              Calderón versus Lope: características del teatro calderoniano



Calderón parte de una tradición teatral riquísima. Su tarea consiste en desarrollar al máximo las posibilidades contenidas en la comedia de Lope de Vega, hasta conducirla a su plenitud. Con razón se ha dicho que el “arte” de Lope de Vega se hace “ciencia” con Calderón. Mientras que el lenguaje dramático de Lope resulta natural y espontáneo, el de Calderón es más elaborado y artístico, y su arquitectura teatral, más sólida. Por otra parte, frente al teatro de Lope, enraizado en el popularismo y las costumbres españolas, el de Calderón tiene una proyección mayor: es más aristocrático, pero, a la vez, más universal por los temas que trata.

 El sentido del orden, la estilización y la intensificación son las notas más características del teatro de Calderón:

El ORDEN se hace patente en la rigurosa claridad de la estructura de planteamiento, nudo y desenlace de los conflictos dramáticos, así como en la disposición piramidal y emparejamiento antitético de los personajes secundarios, subordinados al protagonista. Este afán de orden se evidencia también en aquellos personajes que, atormentados, pero reflexivos, luchan por sobreponerse al caos de su existencia y a los antagonismos y pasiones que interiormente los desgarran. Los monólogos, tan frecuentes e importantes en sus comedias, constituyen el cauce formal elegido por Calderón para expresar este íntimo anhelo.

La ESTILIZACIÓN viene dada por la simplificación de la trama y la reducción de personajes. Como consecuencia de esta, los personajes aparecen mucho más perfilados e individualizados que los característicos “tipos”, con una hondura psicológica y una complejidad antes desconocidas.

La INTENSIFICACIÓN se advierte en la densidad de los conflictos que atenazan a los protagonistas, abocados siempre a una situación límite y de difícil salida.

La suma de orden, estilización e intensificación dan como resultado un teatro en el que la introspección prevalece sobre la acción.

 Temas y obras de Calderón

Calderón, dramaturgo menos fecundo que Lope de Vega, escribió ciento veinte obras de teatro entre comedias, autos sacramentales, entremeses, loas y jácaras. Sus representaciones exigían un gran despliegue escenográfico (tramoyas, decorados, luces y música), lo que llevó a la escena barroca a una gran complejidad. La Biblia, la mitología grecolatina, la historia, las leyendas y las costumbres son las principales fuentes a las que acude para tratar sus temas preferidos (filosóficos, religiosos, históricos, honor, amor, celos…). Las obras de Calderón se han clasificado según la siguiente tipología:

Dramas de historia y leyendas españolas

Es especialmente relevante la obra El alcalde de Zalamea. En este drama histórico, en el que se escenifica un conflicto entre la sociedad civil y el estamento militar, Calderón trata el honor desde una perspectiva diferente. Pedro Crespo, villano y alcalde de la localidad extremeña, encarna el honor de un modo digno. Los rasgos del protagonista son el equilibrio, la madurez, el amor a los suyos, la plena conformidad con su puesto en el mundo. Para él, el honor es una virtud del alma ligada con la dignidad del hombre. La violación de su hija Isabel por el capitán don Álvaro de Ataide (alojado en su casa) exige la muerte de este como castigo, venganza que se cumple y que es sancionada por el rey al final de la obra. A la figura del militar indigno, Calderón opone la de otro militar justo y honesto, don Lope de Figueroa.

Dramas teológicos

Son representativos La devoción de la cruz; El príncipe constante y El mágico prodigioso. En los dos primeros se plantea el problema de la salvación eterna. El tercero presenta el modelo de caballero cristiano, movido por el honor y la fidelidad a la patria y a la religión.

Dramas filosóficos

El más representativo es La vida es sueño (1635). En este drama filosófico, una de sus obras maestras, de gran carga simbólica, se dan cita el ansia de libertad y la rebeldía violenta, el miedo al destino, la pasión y la venganza, la justicia y la sinrazón. La obra responde a la idea del desengaño barroco, es decir, la inconsistencia de la vida, la transitoriedad de lo terreno, la influencia de la educación en la conducta de las personas, la fuerza de la voluntad frente al destino. Calderón hace aflorar en su obra más trascendental las experiencias más radicales de la condición humana (la libertad, el amor, el poder, la injusticia, la educación); al tiempo que defiende en la escena la tesis contrarreformista católica del libre albedrío frente a la predestinación protestante, nos hace reflexionar sobre la fragilidad de la vida y la misteriosa oposición realidad/sueño y defiende una tesis ética: “que aun en sueños / no se pierde hacer el bien”.

 Según Francisco Ruiz Ramón, cuatro son los ejes semánticos estructurales que configuran la acción de La vida es sueño:

El conflicto libertad/destino.

El metafórico de “la vida es sueño”.

El ético de “vencerse a sí mismo”.

El del poder político.







Comedias de costumbres

Forman el grupo más numeroso de la producción dramática de Calderón. Las más notables son las llamadas comedias de capa y espada. Todas estas comedias, muy variadas en su trama, tienen sin embargo una estructura idéntica: el amor es la pasión dominante y los personajes son un caballero noble, valiente, rendido a los pies de una dama a la que adora; la dama es soltera, huérfana de madre, sometida a la tutela de su padre, hermano o tutor; también aparecen un gracioso y la criada de la dama. Además, para que el enredo sea posible, existen otros personajes entre los cuales se entretejen equívocos y rivalidades. Obras que pertenecen a este grupo son La dama duende; Casa con dos puertas, mala es de guardar y Antes que todo es mi dama.

Los autos sacramentales

Calderón escribió alrededor de setenta autos sacramentales y llevó a la plenitud este género, aportándole una mayor densidad teológica, una construcción más exigente, un lenguaje alegórico de gran riqueza poética y una fastuosa escenografía. Sus autos sacramentales gozaron de una enorme popularidad. Además de La cena del rey Baltasar y La devoción de la misa destaca especialmente El gran teatro del mundo, su obra maestra, en la que Calderón representa la vida como un teatro en el que Dios reparte los papeles de la vida a una serie de personajes, que deberán representar una única función, sin ensayar, tras la cual deberán rendir cuentas.

jueves, 3 de junio de 2021

Es de Lope...

 


La expresión “Es de Lope” se generalizó durante el siglo XVII para indicar que algo era excelente, extraordinario…

Durante el siglo XVII se produce un fenómeno absolutamente novedoso: el teatro se convierte en el género literario por excelencia, el de mayor éxito, el más seguido por el público. Este teatro, nacido de la evolución y convergencia de las diferentes corrientes dramáticas que, según hemos visto, convivían en el Renacimiento, alcanza su madurez en la última década del siglo XVI con Lope de Vega, el verdadero genio creador de una nueva formas de teatro, cuyas bases teóricas expone en los versos del Arte nuevo de hacer comedias (1609).

Lope Félix de Vega y Carpio, llamado el Fénix de los ingenios fue un escritor muy prolífico: cultivó todos los géneros. Fue excelente poeta, notable prosista y genial dramaturgo. Autor de una amplísima obra literaria, vivió, por otra parte, una de las vidas más apasionadas de la historia de la literatura española.


Nació en Madrid, en 1562, de familia de clase media con pretensiones de nobleza. Desde muy joven demostró una precocidad extraordinaria. En su ciudad natal estudió en los teatinos y, más tarde, en Alcalá y Salamanca. Intervino en la conquista de la isla Terceira y regresa de nuevo a Madrid. Su vivo y apasionado carácter le lleva a tomar la vida como viene y con demasiada prontitud. De ahí los vaivenes sentimentales, que le proporcionaron numerosos problemas a lo largo de su vida, así como frecuentes cambios de actitud vital. En Madrid, se enamora de la actriz Elena Osorio (la Filis de sus versos). Abandonado por ésta, a los cinco años, escribe unos poemas que le valen el destierro. Poco después, se casa por poderes con Isabel de Urbina (la Belisa de sus versos). Embarca en la Armada Invencible. De nuevo en España, se instala en Valencia, donde se dedica a una intensa creación. Entra al servicio del duque de Alba y se traslada a Alba de Tormes, donde muere su esposa.

Vuelve a Madrid y contrae matrimonio con Juana de Guardo, lo que no dificulta las relaciones con Micaela Luján (Camila Lucinda en sus versos), de la que tuvo cinco hijos. Rompe con Micaela y, poco después, mueren su esposa y su hijo Carlos Félix, lo que le causa tan profunda conmoción y crisis espiritual que dedice ordenarse sacerdote a los cincuenta y dos años. Sin embargo, vuelve a enamorarse de una bella actriz, Marta de Nevares (Amarilis o Marcia Leonarda en sus versos), de la que tiene varios hijos. Estos amores amargan sus últimos años al quedar ella ciegoa y perder, más tarde, la razón. Muere su hijo Lope Félix y es raptada su hija Clara. Estos hechos y sus primeros fracasos en la escena hicieron que Lope sobreviviera poco tiempo. Muere en Madrid en 1635. 

[Literatura española 2, Alhambra Longman, 1992]

El teatro de Lope de Vega es síntesis de las tradiciones culta y popular anteriores. Ofrece un teatro basado en una retórica de la persuasión, en la comunicación con el público. Lope perseguía el público y sabía cómo conseguirlo.

Lope pasó varios años en Valencia, en contacto con Guillén de Castro, Tárrega y otros, con un ambiente teatral innovador. Desde la primera mitad del siglo XVI debió de haber un teatro estable, próximo a la Universidad, en la plazoleta de la Olivera. Se realizaban funciones nocturnas, con velas, por lo que resultaban caras y se suprimieron hacia 1630. Se representa un teatro populista en el que importa mucho la intriga, las costumbres populares, la utilización del simple o gracioso, y con un lenguaje próximo a la lengua común. Lope no tiene más que adoptar y evolucionar lo que ya se estaba haciendo en Valencia.

Arte nuevo de hacer comedias

Entre 1605 y 1615 coinciden en Madrid, en la Corte, una constelación de grandes figuras que conviven difícilmente. Lope se ve mezclado entonces en todas las polémicas artísticas que surgen. Es protagonista de una guerra literaria en la que se enfrenta a Cervantes y su supremacía en la novela; a Góngora en el terreno de la poesía; y, en el terreno teatral, a los aristotélicos que, desde Italia, defienden el canon clásico de componer obras.


Es en este ambiente donde hay que situar Arte nuevo de hacer comedias, un texto que el autor publica a los 47 años, cuando ya es un poeta consagrado y según él mismo dice en la obra lleva ya escritas 483 comedias. Se trata de una composición que escribe por encargo del Conde de Saldaña, miembro de la Academia de Madrid, y se inscribe dentro de una práctica bastante habitual entre los autores y las diferentes Academias del momento. Así pues, el texto de Lope nace para contestar a una polémica de la época, pero también le sirve para dejar por escrito su concepción del teatro y justificar lo que ha venido siendo hasta ahora su práctica habitual. Como ha expresado José F. Montesinos, el Arte nuevo… fue un texto revolucionario que no hizo ninguna revolución, porque ya Lope la había hecho antes en los corrales.

La revolución a la que Montesinos se refiere, y que recoge el Arte nuevo, es la de defender lo que llamaríamos hoy el teatro comercial. Es decir, Lope sostiene que el teatro se sustenta en el público, y no en un canon aristotélico, artístico. Su fin es escribir un teatro de su tiempo, cuya norma suprema sea la de dar gusto a un auditorio bastante ecléctico, lo que le conduce a creer en un teatro exento del antiguo arte:

“Y cuando he de escribir una comedia,

encierro los preceptos con seis llaves,

saco a Terencio y Plauto de mi estudio

para que no me den voces, que suele

dar gritos la verdad en libros mudos,

y escribo por el arte que inventaron

los que el vulgar aplauso pretendieron

porque, como las paga el vulgo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.” 

En opinión del catedrático Felipe B. Pedraza Jiménez son estos famosos versos los que han creado toda una corriente crítica antilopista que llega a nuestros días fruto de “que han sido malinterpretados. Lo que Lope quiere decir con lo de “hablarle en necio” es un juego irónico, ya que emplea la misma crítica que le hacían sus enemigos. Hay que entender que Lope escribe el Arte nuevo con una sonrisa, usa la ironía desde el momento mismo que culpa al público del camino que ha escogido”. Con esta confianza en el auditorio, en España se desarrolla un teatro popular que sólo tiene parangón en la Inglaterra de Shakespeare. “Es un teatro comercial, que pretende vivir y vivirá de los espectadores, de un público variadísimo para el que los autores deben organizar su discurso de la mejor forma. De esta manera, Lope defiende una libertad artística que no depende exclusivamente del autor, sino que establece una relación dialéctica con el público. 

La vigencia de su teoría es que hoy, cuatro siglos después, seguimos interesados por un arte teatral que tenga en cuenta al público”. No hay que olvidar que la fama de Lope cruzó fronteras. Explica Pedraza que el tratado “es, en primer lugar, la reacción a unos escritos teóricos que vienen de Italia, en los que se defiende la preceptiva latina. Pero, una vez publicado el Arte nuevo, hay numerosos intentos por imitarlo fuera de nuestro país. Desde luego, en Italia, Francia, Alemania y Polonia. Luego, durante el romanticismo experimenta una resurrección especialmente en Alemania e Inglaterra”.

Mezclar lo trágico con lo cómico


Frente a la idea clásica de separar tragedia y comedia, las obras pueden mezclar elementos cómicos y trágicos para mayor satisfacción del auditorio.

La unión de asuntos serios con momentos más ligeros responde a la pretensión de naturalidad. Esto permite, por otra parte, hacer protagonistas de obras de tono grave a personajes como el villano, contraviniendo así las preceptivas clásicas.


Lo trágico y lo cómico mezclado,
y Terencio con Séneca, aunque sea
como otro Minotauro de Pasife,
harán grave una parte, otra ridícula,
que aquesta variedad deleita mucho. […]
No hay que advertir que pase en el período
de un sol, aunque es consejo de Aristóteles,
porque ya le perdimos el respeto
cuando mezclamos la sentencia trágica
a la humildad de la bajeza cómica.

Ruptura de la regla de las tres unidades

La preceptiva clásica, desde la Poética de Aristóteles hasta los humanistas del siglo XVI planteaba que la obra de teatro debía ajustarse a tres unidades: la unidad de acción, de espacio y de tiempo. La nueva fórmula propone su ruptura cuando así lo exija la verosimilitud de la obra. Es habitual que se dé una acción secundaria a cargo de los criados o de otros personajes. Además, la acción puede tener lugar en varios días y en diferentes escenarios, ya que esto se ajusta a la naturalidad de las acciones humanas.

Adviértase que solo este sujeto
tenga una acción, mirando que la fábula
de ninguna manera sea episódica. […]

No hay que advertir que pase en el periodo
de un sol, aunque es consejo de Aristóteles,
porque ya le perdimos el respeto
cuando mezclamos la sentencia trágica
a la humildad de la bajeza cómica.

 Estructura en tres actos

Frente a los cuatro o cinco actos habituales en periodos anteriores, estas obras se estructuran en tres actos. Al primero corresponden el planteamiento; al segundo, el nudo y al tercero, el desenlace. Según Lope, hasta la mitad del acto tercero el público no debía sospechar el final de la historia:

Divide en dos partes el asunto,

ponga la conexión desde el principio,

hasta que vaya declinando el paso,

pero la solución no la permita

hasta que llegue la postrera escena,

porque en sabiendo el vulgo el fin que tiene,

vuele el rostro a la puerta, y las espaldas

al que esperó tres horas cara a cara;

que no hay más que saber que en lo que para. […]

En el acto primero ponga el caso,

en el segundo enlace los sucesos,

de suerte que hasta medio del tercero

apenas juzgue nadie en lo que para.

Los personajes de la comedia nueva

Aunque hay gran cantidad de personajes dispersos por todas las comedias del siglo que nos ocupa y algunos de ellos se ha consolidado como un personaje bien individualizado y con características propias, como es el caso del donjuán, se suelen repetir figuras fijas, a la manera de personajes tipo.



El galán

Es un caballero apuesto, idealista, noble y valiente.  Esta misma función puede ser representada por un campesino, como Frondoso en Fuendetodos. Su misión natural se orienta hacia la conquista de la dama, venciendo casi siempre notables dificultades.

La dama 

Es joven, bella y noble. Recibe los requiebros del galán. En ocasiones, cuando ha sido agraviada o engañada, es capaz de tomar la iniciativa e incluso disfrazarse de varón (como en Don Gil de las calzas verdes). Una figura común en las comedias barrocas es la dama disfrazada de hombre, que cambia sus habituales vestidos femeninos para perseguir al galán que la ha abandonado. Este personaje aparecía también en las novelas de la época y fue muy censurado por los moralistas.

La criada

Representa, junto a la dama, el mundo femenino y sus relaciones son paralelas a las del galán y el gracioso, con quienes comparten sus principales características, ya que la criada también es más realista y actúa como confidente de la dama, mientras esta, por lo general, busca la manera de conseguir los amores del galán con su ayuda.

El criado

Representa lo contrario del galán, ya que por lo general es muy realista, práctico y cobarde. El gracioso (o figura del donaire) suele ser casi siempre el criado de confianza del galán; es fiel y buen consejero, y aporta la nota cómica a la trama. Al tiempo que el galán se enamora de la dama, el gracioso corteja a la criada de esta.

El criado o gracioso desempeña un importante papel en la obra ya que permite al galán dialogar con él y contarle sus inquietudes. Desempeña también el papel de narrar sucesos no escenificados en las tablas.

A veces tiene una función distanciadora muy moderna, al advertir al público con su actuación de que lo que ve no es realidad, es literatura.

El gracioso de Lope de Vega procede de la evolución del personaje del bobo de Lope de Rueda; en las obras de Lope de Rueda el bobo es un personaje cómico, presentado de forma ridícula. Suele ser un aldeano tonto que se expresa mal y se comporta torpemente. Lope de Vega hace evolucionar al personaje convirtiéndolo en un personaje urbano, inteligente e ingenioso, cuyas bromas y críticas a su amo tienen mucho éxito. Finalmente predomina en el gracioso su vertiente placentera y simpática, con lo que sus actitudes y comentarios quedan integrados en el sistema de valores del Barroco.

Otros personajes

Otros personajes presentes en las comedias son los siguientes: un caballero, generalmente de edad avanzada, que suele ser el padre de la dama y que vela por su honra (a veces es un hermano de la dama); el villano, un labrador rico, cristiano viejo, con un fuerte sentido de la honra; el rey, a veces justo y otras veces tiránico; y el caballero poderoso, un noble que pretende usar su poder para conseguir sus pretensiones amorosas.

El lenguaje de la comedia nueva

Se rehúye la expresión culterana y no se abusa de las alusiones bíblicas, mitológicas o literarias para hacerse comprender por un público popular.

 El decoro poético

Se pretende que la lengua se ajuste a la situación y a la condición de los personajes, de modo que estos hablen conforme a su rango social y ello pueda distinguir, por ejemplo, al rey del gracioso. Es la única regla del teatro clásico que Lope respeta:

Si hablare el rey, imite cuanto pueda
la gravedad real, si el viejo hablare,
procure una modestia sentenciosa […] 
El lacayo no trate cosas altas
ni diga los conceptos que hemos visto
en algunas comedias extranjeras.


La variedad métrica (polimetría)

Las comedias barrocas se escribieron en verso, pero no mantuvieron una unidad métrica; por el contrario, Lope planteaba el uso de estrofas diferentes para cada situación, sin hacer distinciones entre la métrica tradicional castellana y las de procedencia italiana. Así lo expresa en el Arte nuevo:

Acomode los versos con prudencia
a los sujetos de que va tratando.
Las décimas son buenas para quejas;
el soneto está bien en los que aguardan;
las relaciones piden los romances,
aunque en octavas lucen por extremo;
son los tercetos para cosas graves,
y para las de amor, las redondillas.

Canciones tradicionales intercaladas

La inclusión de elementos líricos tradicionales o de inspiración tradicional fue uno de los grandes aciertos del teatro del siglo XVII, ya que aportaba un toque popular y una frescura a la trama de las obras, que gozaban de la ventaja añadida de la música. Todo ello ofrecía una pausa en el desarrollo de la acción y servía de deleite a los espectadores, que gustaban mucho de la música y la danza como contrapunto al argumento de la obra.

Obras teatrales de Lope de Vega

Comedias de enredo y costumbres

Ambientadas en un ambiente urbano coetáneo. El asunto principal es el amor.  Están plagadas de celos, intrigas y malentendidos que desembocan en una final feliz. 

Destacan en este grupo: La dama boba; El perro del hortelano; Servir a señor discreto; La moza del cántaro; La villana de Getafe; Las bizarrías de Belisa…

Dramas de honor campesino

Ambientadas en un entorno rural idílico.  Protagonizadas por un  villano, un campesino rico, cristiano viejo, libre y digno, que se enfrenta solo o junto con todo su pueblo al abuso de poder de un noble que ha atentado contra su honor.  En estas obras surge la figura del rey como garante de la justicia apoyando la actuación del villano.

 Destacan: Fuente Ovejuna; Peribáñez y el comendador de Ocaña; El mejor alcalde, el rey; El villano en su rincón…

Dramas trágicos

En estas obras los elementos trágicos están más acentuados. 

Destacan: El caballero de Olmedo y El castigo sin venganza.

       SABER MÁS SOBRE LOPE.....

Siempre que hay que informarse de algo conviene saber qué fuentes son fiables y de dónde podemos sacar información veraz y actualizada. La página web de la Biblioteca Virtual Cervantes nos cuenta casi todo lo que necesitemos saber sobre Lope de Vega, contado por los mejores especialistas.

jueves, 7 de mayo de 2020

'Covidiota', 'balconazis', 'cuarenpena'... los neologismos que nos ha traído la pandemia


Esta crisis del coronavirus ha provocado la recuperación de palabras ya existentes y la creación de otras nuevas

Que el pensamiento no puede tomar asiento lo sabíamos ya gracias a una de las canciones de Aute. Que la lengua tampoco puede, ni debe, sentarse quieta a esperar, lo podemos confirmar simplemente observando cómo se han comportado las palabras del español durante los más de 20 días que llevamos de estancia bajo el estado de alarma.



Pasaron pocas horas desde que el virus se hizo cifra y habitó entre nosotros para empezar a detectar cómo los hablantes, en redes sociales, en los memes de los teléfonos y en las tertulias empezaban a hacerse con palabras que hasta entonces yacían dormidas en nuestro vocabulario: confinamiento, pandemia y su hermana infodemia se han hecho protagonistas de nuestros usos lingüísticos, desplazando a otras más manidas que estaban clavadas en el discurso mediático.

Hemos aprendido que EPI son las siglas de equipo de protección individual, hemos sabido que las mascarillas son nasobucos en Cuba y barbijos en Argentina y Bolivia; hemos descubierto el significado social de que algo sea esencial y nos han enseñado que tenemos una mano no dominante que es la que debemos utilizar al salir a comprar. Las resurrecciones léxicas tampoco paran: en las últimas horas nos hemos familiarizado con desescalar como sinónimo de 'graduar'.

Al mismo tiempo que hemos despertado a viejas palabras, hemos creado otras nuevas. Cualquier innovación que se registra en una lengua pasa por dos fases: una es la propia innovación y otra, la verdaderamente clave, es la difusión. Innovar lingüísticamente no es tan complejo, pero esa creación queda en nada si no es adoptada por otros hablantes y se generaliza más allá de la persona que inventa. Esa nueva palabra que se crea y, si tiene suerte, se extiende, recibe el nombre de neologismo. Pues bien, no son pocos los neologismos que han empezado a circular en estos días a causa del maldito coronavirus.

Quizá el más extendido mundialmente en estos momentos es el adjetivo covidiota. Tanto en inglés (covidiot) como en español (covidiota) la palabra lleva al menos diez días designando a aquel que, en estas circunstancias sin duda trágicas, comete irresponsabilidades que perjudican a los demás: ignora la distancia social, extiende bulos, acapara por encima de sus necesidades... De hecho, la cuenta de Twitter de The New York Times @NYT_first_said, que registra las palabras que aparecen por primera vez en este periódico, documentó covidiots el 4 de abril, coronacoma el día 1 y anticoronavirus el 30 de marzo, tres neologismos del inglés causados por la situación que vivimos.

En español han circulado variantes de todo tipo a partir de las palabras comunes hoy: el covidiota ha sido llamado también coronaburro; al coronavirus lo han llamado carallovirus; a la cuarentena, cuarenpena, y al confinamiento, confitamiento por la ganancia de peso que, a falta de ejercicio físico y dada la ingesta de repostería doméstica, todos vamos a mostrar. Los que ejercen de policías de balcones para insultar a quienes circulan por la calle (sin saber si, por ejemplo son gente que va o vuelve de trabajar o padres de niños con discapacidad) han sido calificados como balconazis.

Estas creaciones de vocabulario, neologismos del lenguaje, han empezado a convivir con otro fenómeno igualmente interesante, individual y aún más ocurrente. Al pediatra Alberto García-Salido (@Nopanaden) se le ocurrió a primeros de abril abrir un hilo en Twitter con la etiqueta #covidcionario para que los hablantes de español propusieran nuevas definiciones para palabras que nuestra lengua ya tenía.

El hilo ha dado lugar a toda una cadena de definiciones (descacharrantes unas, muy críticas otras) propuestas por distintos usuarios de la red social: ventana como "parte de nuestra casa que durante el periodo de confinamiento disfruta de una clara actualización de su sistema operativo"; pandemia como "acuerdo tácito entre una gran parte de la población para ponerse a hacer pan durante el confinamiento" o, refiriéndose a la indignante escasez de trajes EPI, epitafio como "el estado en que queda un servicio cuando escasea la protección individual y se ha de confeccionar". Son neologismos de significado, neologismos semánticos.

Con todo, pocos lingüistas o filólogos disfrutarán con este fenómeno de neologismo léxico o semántico. Decía Aute que vivir es un accidente de gozo y dolor; las palabras también reflejan ahora ese doble camino. Los miles de hablantes de español que han muerto estas semanas se han llevado consigo cientos de palabras que solo su generación conoce, algunas recuperables a través de textos, otras, propias de las tradiciones orales y de las conversaciones más espontáneas, enterradas como se entierra en los entierros de ahora: sin velatorio ni rito de despedida. Estas nuevas palabras en torno al coronavirus son una ganancia muy cruel para la lengua.

                                                                                    
                                                                                     Verne. El País