" La heroica ciudad dormía
la siesta. El viento sur, caliente y perezoso empujaba
las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el
norte. En las calles no había más ruido que el rumor
estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y
papeles, que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera,
de esquina en esquina, revolando y persiguiéndose, como
mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve
en sus pliegues invisibles. Cual turbas de pilluelos,
aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo, se
juntaban en un montón, parábanse como dormidas un
momento y brincaban de nuevo sobresaltadas,
dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los
cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los
carteles de papel mal pegados a las esquinas, y había
pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se
incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un
escaparate, agarrada a un plomo."
Así comienza La Regenta de Leopoldo Alas "Clarín. Los conflictos existenciales, psicológicos y metafísicos de La Regenta y la técnica utilizada por Clarín para desarrollarlos constituyen lo "singular y escogido" de esta novela, que puede ser considerada la mejor novela del siglo XIX.
Os dejo unos enlaces para conocer la época, el autor , su obra...
Para ir entrando en "materia" empezamos con dos videos:
El primero comprende todas las revoluciones, desde principios de siglo.
Aquí recordaréis cómo llegó al poder Fernando VII y cómo su hija
Isabel, cómo transcurrió el reinado de esta, el estallido de la
Revolución Gloriosa, el reinado de Amadeo de Saboya y la llegada de la
Primera República
Y este que sintetiza las principales características del movimiento artístico y literario que se da en este período histórico: El Realismo
Y este último que nos hace una visión literaria ,bastante amplia, de todo el siglo XIX
A fines del siglo XIX el realismo
evoluciona y da lugar al Naturalismo, que podemos definir como un realismo
extremado, inspirado en el positivismo científico.
El Naturalismo pretende llevar a
la literatura las teorías científicas que defienden la influencia
determinante
que la herencia biológica y el medio social ejercen sobre el individuo.
El
escritor naturalista aspira a la objetividad, y refleja en sus obras los
aspectos más sórdidos de la sociedad: el alcoholismo, la miseria, la
prostitución... Basándose en la realidad observable (método
experimental), se analizan y justifican la conducta individual y social
según el determinismo
biológico y social. De este modo, se busca la objetividad absoluta, por
lo que en la narración se detallan los aspectos más
sórdidos y crudos de la realidad. Sin embargo, al centrarse
especialmente en estos aspectos, el autor ofrece testimonio de las
injusticias, que con frecuencia se convierte en denuncia.
Émile Zola (1840-1902) es el fundador de esta escuela.
En la serie
de veinte novelas, que lleva como título general, Los
Rougon-Macquart estudia la evolución de una familia a través de varias
generaciones, y los efectos que las taras hereditarias, las enfermedades y el
medio social producen en los individuos. Por ejemplo, en La taberna desarrolla el tema del alcoholismo entre las clases trabajadoras; en Nanáaborda la prostitución; y en Germinal relata las incipientes reivindicaciones de un proletariado explotado que vive en la miseria. Comenzó a implicarse en política con el notorio artículo Yo acuso,
en el que se involucraba en el famoso Caso Dreyfus, lo que le costó un
proceso por difamación y su retiro a Londres. Tras regresar a París
siguió publicando artículos sobre el caso, falleciendo finalmente
asfixiado en su casa.
Lee el siguiente fragmento de Germinal, una de las mejores novelas jamás escritas en francés. La novela es una dura y realista historia sobre una huelga de mineros en el norte de Francia en la década de 1860.
Ha sido publicada y traducida en más de cien países y ha servido para
inspirar cinco adaptaciones cinematográficas y dos producciones de
televisión.
-Pues yo soy de Montsou, y me llamo Buenamuerte.
-¿Será un apodo?
-preguntó Esteban admirado.
El viejo hizo un movimiento de satisfacción,
y señalando la mina, contestó:
-Sí, sí por cierto... Me han sacado de
allí dentro, tres veces medio muerto; una vez, con la piel de la espalda
destrozada; otra, de entre los escombros de un hundimiento, y la tercera medio
ahogado... Al ver que no reventaba nunca, me llamaron en broma
Buenamuerte.
Y redobló su jovialidad, un chirrido de polea mal engrasada,
que acabó degenerando en un violentísimo acceso de tos. El reflejo del brasero
de carbón alumbraba en aquel instante su cabeza enorme, cubierta por escaso
cabello completamente blanco, y su cara achatada, pálida, casi lívida y
salpicada de algunas manchas moradas. Era de baja estatura, tenía un cuello
enorme como el de un toro, las pantorrillas salientes, y los brazos tan largos,
que sus manazas caían hasta más abajo de las rodillas. Además, pareciéndose en
esto a su caballo, guardaba tal inmovilidad, a pesar del viento, que cualquiera
hubiera creído que era de piedra al ver que no le hacia mella ni el frío
intenso, ni las terribles rachas del vendaval.
Esteban le
miraba.
-¿Hace mucho tiempo -le preguntó- que trabaja usted en las
minas?
Buenamuerte abrió los brazos, exclamando:
-¿Mucho
tiempo?... ¡Ya lo creo!... Mire, no había cumplido ocho años, cuando bajé por
primera vez precisamente a ésa, a la Voreux; y tengo ahora cincuenta y ocho.
Conque, eche un cálculo... Ahí dentro he hecho de todo: fui aprendiz, después
arrastrador, cuando tuve fuerzas para ello; luego, cortador de arcilla durante
dieciocho años; más tarde, a causa de estas pícaras piernas, que se empeñaron en
no funcionar como es debido, me pusieron en la brigada de barrenos; después fui
barrendero; me dedicaron también a las composturas del material, hasta que se
vieron precisados a sacarme de abajo, porque el médico decía que me quedaría
allí. Entonces, hace cinco años de esto, me dedicaron a carretero... Conque,
¿qué tal? ¡No es poco cincuenta años de mina, y de ellos cuarenta abajo, en el
fondo!
Y mientras hablaba, algunos pedazos de hulla inflamada que caían
del brasero iluminaban de vez en cuando su pálido semblante con un reflejo
sangriento.
-Me dicen que descanse -continuó-. Pero yo no les hago caso;
no soy tan idiota como ellos se figuran. Sea como sea, he de aguantar los dos
años que me faltan para llegar a sesenta, a fin de atrapar la pensión de ciento
ochenta francos. Si me despidiese hoy, se apresurarían a concederme la de ciento
cincuenta. ¡Si serán bribones!... Además, estoy todavía fuerte, excepción hecha
de las piernas, y eso a causa de tanta agua como me entró en el pellejo cuando
trabajaba en las galerías. Hay días que no puedo mover una pata sin dar
gritos.
ÉMILE ZOLA, Germinal, I Parte
Después de haber leído este fragmento, responde:
¿A qué clase social pertenece Buenamuerte?
¿Qué detalles se dan a conocer sobre su salud?
¿Cómo son las condiciones laborales de los mineros, según se deduce de sus palabras?
Reflexiona sobre tus respuestas anteriores: ¿Consideras que el fragmento es realista y objetivo?
Émile Zola concebía la novela como un retrato de la sociedad. No es casual que su gran afición fuera precisamente la fotografía.
En este vídeo encontrarás información sobre su faceta de fotógrafo: "En
mi opinión, no se puede decir que hemos visto algo hasta que no lo
hemos fotografiado y hemos descubierto la multitud de detalles que se
encierran en la imagen y que sin la fotografía habrían pasado
desapercibidos".
Si quieres, puedes ver una exposición de fotografías de Zola