sábado, 25 de junio de 2016

Una dramaturga del Siglo XVII

Entre los autores de la comedia nueva no solo figuraron voces masculinas como Lope de Vega, Calderón de la Barca o Tirso de Molina, sino que también comenzaron a estrenar con notable éxito las primeras dramaturgas en lengua castellana, como Ana Caro, célebre por sus comedias de capa y espada y no sólo escribía obras de teatro que fueron aclamadas e incluso exaltadas por literatos de gran fama, sino que se dedicó profesionalmente a confeccionar por encargo relaciones

Ana Caro de Mallén cobraba por su trabajo, era escritora de oficio, su dedicación a la escritura no es sólo el resultado del gusto por escribir, sino que hace de la literatura una profesión. Ese era su trabajo, su forma de ganarse la vida. 


Entre sus obras destaca Valor, agravio y mujer, una interesante pieza teatral en la que toma como punto de partida las convenciones sociales de la época para reflexionar sobre el tema del honor a partir de una perspectiva eminentemente femenina. 


   Existen de esta obra en la Biblioteca Nacional dos manuscritos; uno del siglo XVII que consta de 48 hojas; el segundo es una copia del siglo XVII, de 31 hojas.

 En ella  Ana Caro ironiza con las reglas establecidas por la sociedad en la que le ha tocado vivir y llega incluso a ridiculizar algunas de las actitudes consideradas como valores típicamente masculinos. 
Se trata de una comedia urbana y como tal tiene como ingredientes principales los enredos y los equívocos. El disfraz que convierte a Leonor en Leonardo consigue transformar a los personajes que la rodean, y así, la duquesa Estela acaba enamorada de Leonardo sin saber que éste es una mujer, complicando aún más las cosas. 
 En la obra aparecen también los personajes prototípicos de este tipo de comedias. Uno de éstos es el gracioso, que en está ocasión aparece en la figura de Ribete, el criado de Leonor/Leonardo. Este personaje en ocasiones se coloca como contrapunto de las conversaciones para introducir pensamientos que la autora utiliza como reivindicaciones solapadas, así, a lo largo de la obra Ribete aprovecha para señalar los grandes avances que en cuestión literaria están obteniendo las mujeres. 


RIBETE:   (…) aun quieren poetizar

                  las mujeres, y se atreven

           a hacer comedias ya.

TOMILLO:    ¡Válgame Dios!  Pues, ¿no fuera

mejor coser e hilar?

¡Mujeres poetas!

                                        RIBETE:     Sí;
               mas no es nuevo, pues están

     Argentaria, Safo, Areta,

         Blesilla, y más de un millar

              de modernas, que hoy a Italia

lustre soberano dan,

disculpando la osadía
                                                        de su nueva vanidad
 



Pero del mismo modo, Ribete es vehículo para señalar lo que la sociedad de la época tiene en mente sobre el género femenino y así habla cuando descubre que Leonor busca venganza disfrazada de hombre: 

  RIBETE:         ¿Qué intenta Leonor, qué es esto?

                   Mas es mujer.  ¿Qué no hará?

                  Que la más compuesta tiene

     mil pelos de Satanás





 Leonor se viste de hombre para vengar un agravio. Ese artificio era muy utilizado en las comedias del Siglo de Oro. Lope de Vega lo utilizaba con habitualidad; de sus 460 comedias, 113 utilizan el uso del disfraz varonil y Tirso de Molina lo usa en 21 de sus comedias En este caso, el disfraz de varón no aporta a Leonor/Leonardo, cualidades consideradas típicamente masculinas como el valor, porque ella ya es una mujer valiente sin la necesidad del disfraz, pero ante los ojos de los demás, al atuendo la convierte en alguien diferente:

LEONOR:        En este traje podré

                                   cobrar mi perdido honor.



             A lo que su criado responde:



RIBETE:         Oyéndote estoy,

                                              y, ¡por Cristo! que he pensado

                                            que el nuevo traje te ha dado

          alientos.



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