domingo, 18 de abril de 2021

Pues sepa vuestra merced ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes

 


Frente a la idealización del mundo que representan los libros de caballerías, aparece en 1554 una obra anónima, La vida del Lazarillo de Tormes, de sus fortunas y adversidades, que presenta una visión más realista e inicia un nuevo género en la narrativa española, la novela picaresca, que se desarrollará en el siglo XVII.

Esta obra supuso una gran novedad respecto a las narraciones que triunfaban en su época: los libros de caballerías, los pastoriles, los moriscos, los sentimentales, los de aventuras, etc., que tenían todos un carácter idealista.

El Lazarillo rompe con esta tradición y propone nuevos esquemas narrativos. Por primera vez en la historia de la literatura, un desventurado nos cuenta, de forma autobiográfica, las diversas peripecias por las que ha pasado en su vida. Relata su historia para justificar su situación final de deshonra.

La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades apareció por primera vez en 1554, en cuatro ediciones diferentes. Lo más probable es que existiera una edición anterior hoy desconocida. Tuvo un notable éxito, pero pronto, en 1559 fue prohibida. En 1573 volvió a ser permitida su impresión, aunque expurgada. Se editó así desde entonces constantemente, sobre todo a partir de la aparición del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Hasta 1834 no volvió a publicarse en España el texto completo.



La fecha de composición

No conocemos a ciencia cierta la fecha de composición del Lazarillo. En la misma obra aparecen ciertas referencias históricas, pero estas no son concluyentes. Tales referencias llevaría a situar la acción del Lazarillo entre 1510 y, quizá, 1546. Ello haría muy probable que la fecha en la que se escribió la obra fuera bastante próxima a la de las primeras impresiones conocidas, es decir, hacia mediados de siglo.

Esto significa que el autor del Lazarillo reflejó en su obra la situación social e histórica de la España de su época, es decir, la primera mitad del siglo XVI. En este vídeo de Artehistoria podéis aprender algunas cosas sobre la España del Renacimiento:




El autor del Lazarillo

El Lazarillo se publicó anónimo y, posteriormente, se ha atribuido a muy diferentes autores. Ninguna de estas atribuciones aporta pruebas completamente convincentes. Las ideas que aparecen en la obra han llevado a los críticos a formular hipótesis sobre las características del autor: un erasmista, un converso o incluso un criptojudío[1], algún franciscano, un noble descontento con la sociedad de su tiempo…

[1] criptojudío: personas que profesan en secreto la fe judía, mientras se declara públicamente otra fe, en este caso la cristiana.

El género y las fuentes del Lazarillo

Para presentar como creíble la historia de un personaje de baja extracción social, el escritor decidió emplear un molde que ya existía, la carta mensajera de contenido autobiográfico. Este tipo de cartas tuvieron una enorme difusión en el Renacimiento y muchas de ellas, inventadas o reales, fueron reunidas en libros.

Empleando este modelo, el autor del Lazarillo consigue una apariencia de realidad indispensable para hacer verosímil la historia de un humilde pregonero, y contribuye con ello al afianzamiento del subgénero novelístico de la picaresca.

A este modelo el autor suma la aguda observación de la realidad de su época, además de integrar de forma original fuentes literarias de muy diverso origen. Estas fuentes, que dan cuenta de la formación cultural de su autor y de su talante humanista, son las siguientes:

§  El asno de oro. Obra del escritor latino Apuleyo, con la que el Lazarillo coincide en el relato en primera persona de episodios biográficos que se estructura en torno al servicio de varios amos.

§  Baldus. Escrito por el italiano Teófilo Folengo, consiste en una parodia de los libros de caballerías y de los poemas heroicos. En esta obra un personaje de origen humilde relata su autobiografía, y en ella aparece la pareja del ciego y su ayudante.

§  Autobiografías ficticias. Se trata de un subgénero asentado en la España de la época.

§  Novelas italianas y relatos populares. Muchos de ellos tratan sobre ladronzuelos, maleantes y otros pillos que se aprovechan de la credulidad de las personas.

§  Otros escritos. Por ejemplo, los relatos fantásticos de Luciano de Samosata, el Crotalón de Cristóbal de Villalón o las narraciones tradicionales de origen árabe.

Al aunar estas influencias con la observación directa de la realidad contemporánea, el escritor del Lazarillo mostraba su pretensión de verosimilitud, un propósito muy ligado al humanismo.

La estructura del Lazarillo

Como hemos señalado antes, la composición del Lazarillo se articula en torno a dos modelos estructurales: la autobiografía y la epístola. Todos los elementos adquieren un sentido porque forman parte de la historia de la vida contada por él mismo, siguiendo un modelo de carta dirigida a un desconocido “Vuestra Merced”.

La obra se compone de un prólogo y siete tratados, que varían mucho en extensión. Para Francisco Rico, el autor ha seleccionado aquellos trozos de la vida de Lázaro que más se relacionan con el “caso”: relata con detalle los episodios de mayor relevancia y pasa más rápidamente por los restantes.

La novela se fundamenta en el aspecto folclórico de lo que cuenta y se rige por la simetría y por el número tres tradicional de los cuentos. La narración presenta tres simetrías bastante claras: tres situaciones del primer capítulo se reproducen de alguna manera en el primero:

Prólogo

Se elogia la novedad que se va a tratar, señalando que, según los gustos de cada cual, se puede obtener de su lectura deleite o provecho moral. Además, se menciona la honra y la fama que los libros aportan a quienes escriben y se justifica la redacción de la autobiografía como respuesta a la petición hecha por “Vuestra Merced”

Tratado I-III: proceso de aprendizaje

Los tratados I al III, los más extensos, forman un bloque en el que Lázaro niño va descubriendo con sufrimiento el mundo que le rodea y en el que debe aprender a sobrevivir.

§  Tratado I. Relata con ironía los orígenes humildes del protagonista, hijo de un molinero ladrón y de una mujer que, tras quedarse sin marido, ejerce diversos oficios. Es su madre quien decide entregarlo a un ciego, que es el encargado de despertar a Lázaro de la inocencia infantil y hacerle ver que la astucia es indispensable para vivir. El maltrato recibido provoca que Lázaro se vengue de él y lo abandone.

§  Tratado II. El motor del aprendizaje será el hambre, que su nuevo amo, el cura de Maqueda, le hace pasar. La avaricia de este clérigo le obliga a ingeniar continuas tretas para poder mantenerse. Es el primer amo religioso de Lázaro y en él se critica su carácter avaro, egoísta y falto de caridad.

§  Tratado III. Lázaro sirve a un hidalgo pobre o escudero, con el que al tema del hambre se suma la obsesión por la honra de su amo, que le impide trabajar para sobrevivir. Esta postura, incomprensible para el protagonista, despierta su compasión por el noble, que acaba por abandonarla protagonista. En este tratado aparece el estamento de la nobleza y Lázaro evoluciona moralmente, al empatizar con su amo.

Tratados IV -V: adolescencia de Lázaro

En estos tratados aparece un Lázaro algo más maduro, que se pone al servicio de un fraile de la Merced y un vendedor de bulas. Con ellos comprueba la vida poco cristiana de algunos clérigos y cómo el engaño se ha convertido en un patrón habitual de conducta social.

§  Tratado IV: Lázaro se asiente con un fraile de la Merced, quien le regala su primer par de zapatos. Es la primera propiedad de Lázaro y la primera señal de mejora. El personaje del fraile entronca con la tradición de los clérigos lujuriosos y libertinos. Lázaro lo abandona al poco de entrar a su servicio: “Y por esto y por otras cosillas que no digo, salí dél.”

§  Tratado V: el quinto amo de Lázaro, el buldero, está tomado de la realidad cotidiana de la España de Carlos V. El buldero era un predicador profesional, contratado para aumentar la venta de las bulas. Una bula era una indulgencia o privilegio, que otorgaba el Papa a cambio de una limosna y que dispensaba a quien la obtenía de ciertas obligaciones religiosas o litúrgicas (especialmente en cuestiones relacionadas con el ayuno de Cuaresma) Las bulas fueron concebidas inicialmente para contribuir a los gastos de las cruzadas contra los moros.

Tratados VI y VII: madurez de Lázaro

Tras estar brevemente con un pintor de panderos, un Lázaro prácticamente adulto entra al servicio de los tres últimos amos: un capellán, un alguacil y el arcipreste de San Salvador. Con ellos alcanza sus primeros oficios remunerados, puede vestir honradamente y acaba contrayendo matrimonio.

§  Tratado VI: Lázaro sirve a un pintor de panderos y al capellán de la iglesia mayor de Toledo. La identidad del pintor de panderos resulta difícil de precisar, ya que en la época existían “maestros de pintar” o “maestros pintores”, a cuyo servicio tenían un aprendiz que molía los colores. Lo más probable es que Lázaro se refiera a un buhonero o a un vendedor ambulante de panderetas y objetos afines. Los buhoneros tenían mala reputación y se dedicaban a actividades semejantes a las del buldero: vendían productos atribuyéndoles especiales poderes curativos o milagrosos.

En cuanto al capellán, forma parte de los personajes del clero que explotaban la concesión de un negocio, desoyendo las condenas enérgicas de los autores cristianos.

§  Tratado VII: Lázaro sirve a un alguacil, una especie de policía de la época, a quien abandona al poco de entrar a su servicio por ser un oficio peligroso.

El arcipreste de San Salvador le consigue un puesto de pregonero en Toledo y concierta la boda entre Lázaro y su criada, quizá para ocultar sus relaciones con la mujer. Este es el “caso” que ha motivado la redacción de la carta dirigida a Vuestra Merced.

Aunque Lázaro lo considera una suerte y un logro magnífico en su vida, el oficio de pregonero era considerado como uno de los más infames y viles; pero estaba bastante bien remunerado, según los sueldos que le asignan las ordenanzas de Toledo. [2] Su trabajo consistía en vender vinos y otras mercancías por las calles, acompañar a los delincuentes en las ejecuciones.

La costumbre de los clérigos de casar a sus amancebadas con criados suyos y para acallar posibles rumores y disimular tanto los embarazos como los abortos era relativamente frecuente. Las pragmáticas prohibían al matrimonio vivir en casa del sacerdote, por eso Lázaro y su esposa se instalan en una “casilla” cercana. También castigaban duramente, con diez años de galeras, al marido que consentía el amancebamiento de su mujer con el clérigo en cuya casa servía. Por ello, Lázaro insiste en negar la veracidad de los rumores para eludir la pena de galeras.

[2] Para que os hagáis una idea: en las subastas públicas, los pregoneros percibían treinta maravedíes (unos 480 euros) por cada mil maravedíes recaudados (16000 euros) y en las ejecuciones cobraban dos maravedíes  diarios (32 euros).

Personajes

En la variedad de personajes que pueblan el Lazarillo, de diferente extracción social, encontramos otra muestra de la original integración de realidad y literatura. Destacan:

Lázaro, el pícaro protagonista

Es un mozo de humildes orígenes que para hacerse un hueco en el mundo está dispuesto a ejercer diversos oficios, a veces poco lícitos. Lázaro es un personaje desarraigado, marcado por el deshonor y la pobreza. Debe luchar por su propia supervivencia en un medio hostil, lo que consigue con ingenio y astucia

Es consciente de que vive en una sociedad dominada por el engaño y la hipocresía. No tiene ideales; su única preocupación en la vida es saciar el hambre y mejorar social y económicamente.  Con el ciego toma conciencia de su propia soledad y la asume. Evoluciona a lo largo de la obra y, al final, ya maduro, es un hombre cínico y oportunista, que acepta sin escrúpulos una situación deshonrosa.

La creación del personaje de Lázaro va a ser un rasgo de gran importancia en la constitución del nuevo género literario: es característica de la novela moderna que los personajes se vayan modificando a la par de las circunstancias de la vida. Este rasgo se encuentra ya en el Lazarillo, cuyo protagonista va cambiando desde el principio al fin de la obra. El Lázaro niño es muy distinto del Lázaro adulto. La importancia de este hecho se refleja incluso en la estructura misma de la obra. La novela consta de un prólogo y de siete tratados. El último tratado revela que la obra es una carta de contestación en la que se explica un caso: las habladurías en torno a las relaciones de la mujer de Lázaro con el arcipreste de san Salvador. El caso tiene una importancia fundamental porque es el pretexto para que el personaje cuente su historia. Debido a ello, la novela se estructura desde el final, porque los episodios que en ella se incluyen son seleccionados para explicar el caso. Los otros seis tratados pueden dividirse en dos partes: los tres primeros, más extensos, muestran el aprendizaje de Lázaro en la adversidad. En los otros tres, Lázaro empieza a mejorar su nivel de vida. Ha aprendido lo suficiente para sobrevivir, lo que explica que consienta las relaciones adúlteras del arcipreste con su mujer, ya que éste le ha proporcionado un modesto empleo.

La familia de Lázaro

Los lazos familiares marcan a Lázaro con la deshonra desde sus orígenes, ya que su padre y su padrastro son acusados de ladrones y su madre no parece llevar una vida demasiado honorable. También el comportamiento de su mujer es deshonroso.

El ciego

Recoge limosna a cambio de oraciones. Este personaje era también reconocible para los lectores de la época, no solo por su presencia real en las calles, sino por ser además un modelo con abundantes precedentes literarios, como el Baldus. Algunas de las anécdotas que le suceden a Lázaro tienen su origen en relatos tradicionales. Su carácter irascible y suspicaz lo llevan a escarmentar violentamente a Lázaro cuando este trata de quitarle a escondidas comida, y entre ellos va creciendo un rencor que acaba con la venganza y el abandono de Lázaro. Sin embargo, es el ciego quien lo despierta de su inocencia y le enseña la necesidad de ser astuto en la vida.

El cura de Maqueda


Representa la figura del avaro, conocida  desde la literatura antigua. Su codicia y su gula suponen una crítica a la falta de valores cristianos en algunos sectores eclesiásticos. El hambre que Lázaro sufre con él lo obliga a aguzar su ingenio nuevamente para alimentarse.


El hidalgo

Pertenece a la capa más baja de la nobleza y encarna la obsesión por la honra heredada y la limpieza de sangre, que le hacen simular una apariencia que no se corresponde con su miserable vida. Aunque en el siglo XVI tenían el privilegio de no pagar impuestos, su orgullo les impedía trabajar en ningún oficio que no fuera el de escudero, por lo que su situación económica era, a veces, muy difícil. Lázaro critica sus consideración exagerada de la honra pero se compadece de él y le consigue alimento.

El buldero

Es un personaje que vive aprovechándose de la ingenuidad de los fieles cristianos, un tipo frecuente en un momento en que era habitual la venta de bulas y privilegios papales. Con la escenificación del falso milagro acaba con la poca ingenuidad que le quedaba a Lázaro.

El arcipreste de San Salvador

Es una prueba más de la hipocresía y el interés material común a otros personajes de la obra. A pesar de ello, el protagonista lo considera su protector. El “Vuestra Merced” a quien se dirige Lázaro aparece citado como amigo del arcipreste y probablemente sea algún superior suyo.

Los temas del lazarillo

La obra ofrece, como hemos visto, una dura visión de la sociedad de la época. De los asuntos que el Lazarillo aborda críticamente, en ocasiones con tono humorístico e irónico, cabe destacar tres:

La religión

Desde una postura cerca al erasmismo —aunque con matices, como hemos visto—, el libro recoge la actuación de algunos religiosos cristianos que, alejados por completo de los valores evangélicos, demuestran vivir en función de sus intereses materiales individuales. La avaricia, la falsedad y la lujuria son los vicios más criticados.

La honra

Entendida como opinión que los otros tienen de una persona, se convierte en una obsesión para el personaje del hidalgo. Está asociada en él a las ideas del linaje y la limpieza de sangre, que le impiden trabajar para ganarse el pan y le hacen vivir obsesionado por las apariencias. Frente a esta honra heredada, Lázaro opone la idea de una honra ganada con trabajo, que al final queda ensombrecida por su situación de marido consentidor.

El individualismo

Por un lado, no hay valores universales que muevan a los personajes de la obra: cada uno actúa por sus propios intereses materiales, sirviéndose del engaño y aprovechándose de los otros. Por otro, es la perspectiva individual la que construye el aprendizaje y la visión del mundo del protagonista.

Interpretación y sentido de la obra

Según el prólogo de la obra, no solo se pretende hacer reír, sino servir de ejemplaridad. El Lazarillo de Tormes es una novela de transgresión: es la justificación de la indignidad y la delincuencia para sobrevivir que acepta la sociedad imperante.

El libro critica la  hipocresía, la avaricia, la miseria material y moral y la lujuria de la sociedad, en general, pero especialmente del estamento eclesiástico (cinco de los nueve amos de Lázaro son clérigos).

Por otra parte, el Lazarillo parodia los nuevos valores humanistas que se habían iniciado en el siglo XVI:


La mentalidad medieval consideraba las clases sociales tan inmutables como el orden cósmico y condenaba enérgicamente la pretensión de ascender en la escala jerárquica; los humanistas, en cambio, a finales del siglo XV, empezaron a introducir nuevos planteamientos, afirmando que la herencia y la fortuna carecían de valor sin la virtud (
virtus) y el esfuerzo individual (strenuitas y sapientia). El Lazarillo parece ilustrar ambas posturas.

Nuestro protagonista narra su vida no solo para explicar el “caso”, sino como ejemplo de los principios humanistas: “y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto”.

Lázaro habría conseguido, en efecto, ascender algún grado en la escala social: de hijo de un molinero ladrón y de una prostituta ha alcanzado, superando numerosas dificultades, un cargo en la administración pública y la amistad de un personaje de cierto poder; pero, por otro, no parece haber mejorado el estatus de sus padres: la “cumbre de toda buena fortuna” consiste en la boda con una barragana de un cura y el nombramiento de pregonero. La primera lectura concuerda con las ideas humanistas, mientras la segunda se hace eco de la actitud medieval. Pero aún puede pensarse en otra tercera lectura planteada desde las perspectiva del humanismo: Lázaro no asciende porque no ha practicado la virtud.

La causa del deshonor del protagonista encierra una clara alusión a la conducta poco cristiana de su señor y a la connivencia de la ley para con los poderosos: si la justicia se abate sobre el miserable Zaide, nada, en cambio, amenaza al rico eclesiástico. Vinculado con esto está la dura crítica a los representantes de la Iglesia que comparten dos rasgos: la avaricia y la lujuria. Esta imagen tan dura de los religiosos entronca con la tradición medieval y, por tanto, carece de cualquier vinculación con un pensamiento reformista, cuyos defensores no reprochaban a los sacerdotes vivir mal, sino “creer mal”. como demostró Bataillon. Tampoco es erasmista el uso paródico y cómico de expresiones y fórmulas religiosas.

Sí se vincula con el erasmismo, en concreto con el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, la conducta del marido complaciente con el engaño de su mujer que, por otra parte, era un ejercicio retórico frecuente entre escritores tanto castellanos como italianos.

Lazarillo de Tormes es la historia de una corrupción: el protagonista va aceptando paulatinamente el esquema de valores de una sociedad en su proceso de integración en el sistema. Al principio, Lázaro se expresa con comentarios y pensamientos: “dije entre mí”; conforme avanza su inserción, hay menos, porque ya no necesita aprender la lección: ya la ha aprendido.

El final de la obra es demoledor: la prosperidad de Lázaro se identifica con su deshonra, con el hundimiento de su dignidad personal  y su aceptación total de la hipocresía y la falsedad como formas de vida.

Si pincháis AQUÍ podéis leerlo o poneos los cascos y ESCUCHADLO

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