domingo, 18 de abril de 2021

El poema de la semana

 El pasado martes 13 de abril se celebró el Día Internacional del Beso, una fecha que surgió, gracias al beso más largo de la historia que duró  58 horas, 35 minutos y 58 segundos por una pareja tailandesa en un concurso.  Por ello, se eligió la fecha del 13 de abril para conmemorar este gesto de amor, afecto y cariño en todo el mundo.


Ya sabemos que los besos contribuyen a
mejorar el estado de ánimo porque aumentan la serotonina, dopamina y la oxitocina, conocidas como las hormonas de la felicidad. Contribuyen a la estrechar lazos ya que los seres humanos somos seres sociales y los besos tienen el poder de mantenernos unidos; aumentan la autoestima al sentirnos queridos; liberan el estrés, incluso hay estudios científicos que validan que los besos curan, eso que dicen siempre los padres y madres cuando acercan sus labios a las heridas de sus hijos, pues parece que es cierto. Las responsables son las endorfinas que generan el acto de besar y que reducen la sensación de dolor. También son buenos para el sistema circulatorio ya que al besar se aumenta la frecuencia cardíaca, lo que dilata los vasos sanguíneos, además con ellos se movilizan las secreciones hormonales que contribuyen a aumentar las defensas naturales y al mismo tiempo se ejercitan los músculos faciales.

Y, por supuesto, son un tema recurrente en la POESÍA , el propio Bécquer nos decía en su Rima XXIII 

Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡Yo no sé qué te diera por un beso!

Para conmemorar este día os dejo dos poemas que pertenecen a dos poetas de tiempos muy distintos Catulo, poeta latino84 a. C.-54 a. C.) y Joan Salvat-Papasseit (Barcelona16 de mayo de 1894-7 de agosto de 1924) pero con el mismo tema: el beso.

 

Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,

y las habladurías de los viejos puritanos

nos importen todas un bledo.

Los soles pueden salir y ponerse;

nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,

tendremos que dormir una noche sin fin.

Dame mil besos, después cien,

luego otros mil, luego otros cien,

después hasta dos mil, después otra vez cien;

luego, cuando lleguemos a muchos miles,

perderemos la cuenta para ignorarla

y para que ningún malvado pueda dañarnos,

cuando se entere del total de nuestros besos.

                                                                                                             “Poema V”, Catulo



Si sabes del placer no ahorres el beso

que el gozo de amar no entraña mesura.

Déjate besar, y besa tú después

que siempre en los labios el amor perdura.

No beses, no, como el esclavo y el creyente,

sino cual viajero en la fuente regalada.

Déjate besar –sacrificio ferviente

cuanto más candente, más fiel el beso.

¿Qué habrías hecho si mueres antes

sin otro fruto que la brisa en tu mejilla?

Déjate besar, y en el pecho, en las manos,

amante o amada –la copa bien alta.

Cuando beses, bebe, cuide el vidrio el temor:

besa en el cuello, la más bella zona.

Déjate besar y si te queda nostalgia

besa de nuevo, que la vida es escasa.

                                                               “Maestro de amor”, Joan Salvat-Papasseit


Y aunque esta pandemia ha restringido "los besos" sigamos regalándolos aunque, por ahora, solo a los convivientes.


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