Los adverbios son palabras invariables que indican circunstancias de lugar, tiempo, modo, cantidad, afirmación, negación o duda.
La principal función del adverbio es modificar el significado de:
- un verbo .Alicia caíadespacio
- un adjetivo: Pensarán que soy muy valiente
- un adverbio: Mi casa está muycerca
Actividades sobre adverbios. Si pincháis en la imagen, tenéis que clicar en Ciclo I y entraréis en una pantalla como la de la imagen. Vais a actividades y a tema 8. Hay actividades para identificar adverbios, clasificar adverbios según su significado, formar adverbios y reconocer locuciones adverbiales. [Fuente: La tiza virtual]
Francisca Sánchez: la dueña del amor y de la obra de Rubén
Darío
Barcelona, octubre de 1914. El
barco Antonio López parte del puerto con destino a Centroamérica. En el muelle,
Francisca Sánchez se despide entre lágrimas de su amado, Rubén Darío, príncipe
de las letras hispanas que se marcha para impartir conferencias de paz en
tiempos de guerra. Fue la última de muchas despedidas, nunca más volvería a ver
a su amado poeta.
Catorce meses después, una
mañana, Francisca se entera por la prensa de que el padre de su hijo, también
bautizado Rubén, ha muerto en su casa natal de Nicaragua. Una cirrosis aguda
acabó con su vida, recién cumplidos los 49 años. La distancia y la falta de
recursos de la época le impiden despedirse de él en el lecho de muerte. Sufre
en silencio su ausencia y le guarda riguroso luto durante años. Se aferra
entonces a un baúl azul que había comprado cuando ambos vivieron juntos en París
y en el que guardó durante 40 años el legado literario, las cartas y objetos
personales del nicaragüense.
El flechazo se produjo en la
primavera de 1899, cuando sus miradas se cruzaron por primera vez en la Casa de
Campo de Madrid. Él, enviado especial del diario argentino La Nación, departía
con Ramón del Valle-Inclán. Ella, hija del jardinero del rey Alfonso XIII, le
agasajó con una flor. El poeta quedó tan prendado de la belleza y frescura de Francisca,
que entonces tenía 24 años, que volvió días después, esta vez sin compañía.
Este es sólo el principio de un
noviazgo que contó con una petición de mano especial. Un momento que el
nicaragüense plasmó en una de sus crónicas más aplaudidas, titulada Fiesta
campesina: «¡Bello día en el fragante y bondadoso campo! Sale un claro sol, comienzan
a verse las ovejas... Y mi burrito sigue impertérrito, en tanto que me llegan
de repente soplos de los bosques, olientes a la hoja del pino[...] El traje de
la paleta es curioso y llamativo. Más de una vez lo habéis visto en las
comedias y zarzuelas. Falda corta y ancha, de gran vuelo, que deja ver casi
siempre macizas y bien redondas pantorrillas».
El mismo año en que se
conocieron, la pareja alquiló un piso en Madrid, en la calle Marqués de Santa
Ana, 29. Compraron muebles. Dormitorio, comedor, cocina y una habitación que se
habilitó como despacho para él. Francisca era una cocinera especial y se hizo
popular por sus almuerzos entre los amigos del poeta. A su mesa se sentaban
asiduamente otros literatos como Villaespesa, Valle-Inclán, Manuel y Antonio
Machado, Azorín... La sopa de ajo, las chuletas de cerdo adobadas y los
chorizos de Navalsauz le entusiasmaban a Darío. Se hacía traer frijoles de su país,
y enseñó a Francisca a cocinarlos. Le gustaba terminar con un postre casero y
nunca bebía vino en las comidas, siempre agua.
En 1901, La Nación requiere al
poeta como corresponsal en París. Francisca y su hermana pequeña, María, se
marchan con él. Vivieron allí varios años. Lo justo para que la abulense
aprendiera a leer y escribir. Tuvo como maestros a su marido y al poeta Amado
Nervo, que vivió con ellos una temporada. Él fue quien la bautizó como «la
princesa Paca». Rubén le elegía los trajes, los abrigos, las joyas... Y ella lo
lucía como si toda la vida hubiese vestido de este modo. Madame Darío la
llamaban los franceses al tratarla. Desde allí eligieron la orilla del Nalón en
Asturias, la pintoresca Valldemosa (Palma de Mallorca) y Málaga como lugar de
veraneo y descanso.
A pesar de que juntos vivieron
momentos maravillosos, pasaban largas temporadas separados. Darío viajaba mucho
para dar conferencias y en busca de inspiración. Esto hizo que, en los momentos
más cruciales de la vida de Francisca, Rubén no estuviera a su lado. Así, se
perdió el nacimiento de sus cuatro hijos, la muerte y entierro de los tres
primeros y el bautizo y la comunión de su hijo Rubén.
A ella le dolían las prolongadas
separaciones de su amado; él la esperanzaba con firmes promesas y con ruegos de
que le fuese fiel. Y fiel le fue toda la vida. No se atrevieron ni a hacerle
proposiciones; su postura moral les rechazaba de antemano. Y, aunque no vivía
espléndidamente, ella sabía que tenía más que todas, porque era la amada de un
príncipe.
Su relación epistolar era lo que
mantenía viva la llama: «Hoy te escribo, aunque hace mucho calor porque te
quiero tanto que no quiero que pase un día que no hable contigo», «te tengo un
inmenso cariño y no quiero, sino que seas dichosa y no pases nunca un mal día».
Ella fue su musa, a su lado
escribió algunas de sus obras magistrales como 'Cantos de vida y esperanza' o
'Tierras Solares'. Francisca pasaba las noches en vela a su lado cosiendo y
practicando la escritura para que a él no se le fuera la inspiración y evitar
que cayera en las garras del alcohol. Sólo conseguía estar abstemio cuando
pasaba largas temporadas con ella. La historia ha sido injusta con ella por el
hecho de ser mujer y no ser la esposa legítima. En figuras determinantes de la
Historia como Rubén, su biografía es fundamental para entender la obra. En este
caso el amor entre ambos fue imprescindible para el devenir de todo.
Francisca descansa en el
cementerio de Carabanchel (Madrid) desde agosto de 1963. Su príncipe, en la
catedral de Nicaragua. «Seguramente, Dios te ha conducido para regar el árbol
de mi fe, hacia la fuente de noche y de olvido, Francisca Sánchez,
acompáñame...».
Ajena al dolo y al sentir artero
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompáñame
En mi pensar de duelo y de martirio
casi inconsciente me pusiste miel,
multiplicaste pétalos de lirio
y refrescaste la hoja de laurel.
Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender;
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber.
Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe;
hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompáñame…
En 2014 se publica el libro La
princesa Paca, una novela escrita por la periodista Rosa Villacastín, nieta de Francisca, que recoge esta apasionada historia de amor entre el "príncipe de las letras" y una campesina analfabeta española.
En abril de 2017 se estrenó la Película
dirigida por Joaquín Llamas, protagonizada por Irene Escolar, Daniel Holguín, Luisa Martín e Israel Elejalde
Dicen que Lorca le escuchó recitar una vez uno de sus
versos y sólo entendió una conjunción.
Rubén Darío jamás buscó la
sencillez ni la sobriedad. Entremezcló casi toda la historia literaria
del planeta, anterior y contemporánea y lo llamó “Modernismo”, la misma
palabra que le tiraban a la cara despectivamente. El Renacimiento, el
Barroco o el Romanticismo cruzan sus versos franceses, parnasianos,
simbolistas, asomándose el esteticismo de un, por ejemplo, Wilde, “el
arte por el arte” dedicado a las musas y los azules y los cisnes como
santo y seña. Su obra es prácticamente un homenaje a la Literatura
completa, una renovación, una adaptación, y, sobre todo, una pura
creación y recreación personal, única, y, como solemos decir,
intransferible.
Fue padre poético de los Machado o de Juan Ramón e
inspiración para un Valle-Inclán que lo convirtió en personaje de sus
Luces y sus Bohemias, y su sombra se proyecta por todo el siglo XX como
una obra tan irrepetible como imborrable.
El camino está preparado para la llegada de un libro fundacional del modernismo y otro de plenitud:Azul (1888) yProsas profanas (1896), respectivamente.
En Azulsurgen conjuntos cuentos y versos,
donde el esteticismo parnasiano del “arte por el arte” convive con una
renovación del lenguaje, más brillante y efectista, más colorido y
sonoro, musical, más plástico, podríamos decir. El libro desborda en
sensualismo y simbolismo, evadido hacia lo exótico o hacia la mitología
clásica -como en el cuento El sátiro sordo– o en defensa del arte de lo bello frente a la sociedad aburguesada -como en el relato El Rey burgués-. En verso, comienza Darío con su Año lírico -Primaveral, Estival, Autumnal e Invernal, que ya seguirá Valle-Inclán en sus Sonatas-,
como una alegoría del ciclo de creación poética. En el primero de
ellos, dirigido a la primavera en romance, el poeta une amor, naturaleza
y creación artística:
Mes de rosas. Van mis rimas en ronda a la vasta selva, a recoger miel y aromas en las flores entreabiertas. Amada, ven. El gran bosque es nuestro templo; allí ondea y flota un santo perfume de amor.(…)
En Estival, en silvas, dos hermosos tigres,
macho y hembra, magníficos ejemplares descritos con grandes efectos
sensoriales y mitológicos se aparean, como símbolo sensual y erótico de
la creación artística, que se verá interrumpida por una escena de caza.
Un príncipe, de Gales, matará a la hembra y hará huir al macho, sin
permitir la consumación del idilio artístico. La creación se ve detenida
por la insensatez burguesa. Por último, Autumnal e Invernal, ambos en silvas arromanzadas, se aproximan al tono poético reflexivo, melancólico y pensativo:
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas!
Inmediatamente se percibe el contraste con el impulso vivo de Primaveral,
con su color renaciente y su luminosidad, frente a las tardes pálidas o
a la tranquilidad de las nubes que cruzan el significativo azul. Surgen
los suspiros, los sueños, las tristezas… en resumen, la intimidad del
poeta consigo. Por su lado, en Invernal, ya es de noche, ya hay
frío frente al calor, hay helada nieve. Es una nueva llamada al amor
ido, como la primavera, la expresión de una nostalgia hacia el amor
adolescente y primaveral. Pero ya no existe esa armonía entre la
naturaleza renacida en rosas y el ardoroso amor:
Dentro, el amor que abrasa; fuera, la noche fría.
Tres poemas más ponen fin al ciclo poético del Año lírico en el que Rubén Darío despliega su concepción artística: Pensamientos de Otoño, donde se clama por la vuelta de la primavera -traducción libre de un poema de Armando Silvestre-; A un poeta, donde el creador es visto como un titán, un Hércules o un Sansón; y Anagke o la destrucción total por el Gavilán de la belleza cantada en los anteriores versos.
Dos grupos más de poemas llaman la atención en Azul: los Medallones,
por ser homenaje y cortejo a otros autores, por un lado parnasianos
como Lisle, y por otro norteamericanos como Walt Whitman, con el que se
siente identificado desde el sur; y los Sonetos aureos, que ya
desde el título nos dan el efecto sensorial de brillantez y color del
oro además de configurar un grupo llamativo de sonetos en alejandrinos.
En Prosas profanas el modernismo más
preciosista de Rubén Darío alcanza su cumbre. El cosmopolitismo o
escapismo en el tiempo hacia lo dieciochesco junto a los valores
sensoriales, visuales y auditivos, arrancan en el primer poema Era un aire suave,
escrito en el innovador y rebelde dodecasílabo. También en esta
composición surge ante nosotros el blanquísimo cisne, símbolo primordial
del modernismo, junto a grandes metáforas mitológicas, aliteraciones
que otorgan sonoridad, y alusiones legendarias de personajes. Este es el
tono de todo el poemario:
Era un aire suave, de pausados giros; el hada Harmonía ritmaba sus vuelos; e iban frases vagas y tenues suspiros entre los sollozos de los violoncelos.
Ahora bien, sin duda los versos más conocidos de las Prosas profanas como modelo del modernismo que en ellas habita es Sonatina,ochos sextillas de alejandrinos. Las aliteraciones y la musicalidad, el
colorido, los efectos sonoros, el exotismo y el escapismo, las poderosas imágenes personales, románticas y simbólicas, las referencias mitológicas, la sensoriedad… en fin, todos los rasgos propios y archiconocidos de la renovación rubeniana.
Se añade el tema religioso, espiritual de un supuesto Cristo “vencedor de la muerte” -interpretación apoyada en el parecido de este poema con el posterior A Margarita Debayle. Esta mezcla de lo sensual y lo religioso persiste en Ite, missa est en serventesios alejandrinos.
Rubén Darío prosigue en Prosas profanas sus
homenajes a los franceses. En este caso es un responso por Verlaine,
donde todo el Olimpo, las liras y flautas, las ofrendas de muchachas y
los cantos deben elevarse y entonarse al poeta francés, convertido en el
dios Pan. Y termina el libro con el poema Yo persigo una forma,
soneto de alejandrinos donde Rubén Darío da expresión a la impotencia
de lograr la perfección formal y de contenido, la totalidad artística,
desde el estilo propio:
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, (…) Y no hallo sino la palabra que huye, la iniciación melódica que de la flauta fluye y la barca del sueño que en espacio boga; y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente, el sollozo continuo del chorro de la fuente y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
Este último poema de Prosas profanas anuncia
un cambio de rumbo. Rubén Darío habla de la insuficiencia del estilo
para expresar algo interior, propio, íntimo. Algo no se deja o no se
puede expresar como hasta el momento se ha estado expresando todo lo
demás. El giro que se anuncia da sentido al siguiente gran libro de
Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza (1905). Desde la perspectiva del cambio de estilo entendemos los primeros versos del nuevo libro:
Yo soy aquel que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana.
El poeta nos dice que es el mismo de Azul y de Prosas profanas,
aunque el estilo va a transformarse una vez más. Dibuja un autorretrato
metapoético de su propia evolución, en serventesios, distanciándose del
ayer en que “no más decía” y cuya historia narra en las siguientes
estrofas, y acercándonos al Rubén Darío reflexivo, subjetivo, vuelto
hacia sí mismo -cumpliendo con su ciclo de Año lírico estaría
en su otoño- en la dinámica de un arte menos preciosista, de una poesía
más pura. De hecho, topamos con aquellos versos tan memorables de Canción de otoño en primavera:
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer…
También ensaya una respuesta a la interrogación del cuello de cisne en un título de clara referencia a Prosas profanas: ¿Qué signo haces, oh cisne, con tu encorvado cuello?; mientras, aparecen Nocturnos
angustiados, rivalizando ya las jóvenes rosas de antes con la vejez
poética. No cabe duda de estar ante un libro de madurez atravesado por
nostalgias y por trascendencias, por el regionalismo americano y el tema
hispánico, donde surge el Rubén Darío más socio-político en un sentido
esencial y no sólo comprometido -más cercano a nuestro “tema de España”.
LosCantos de vida y esperanza-dejando, como en el resto de libros, bastante en el tintero-, se cierra con el poema Lo fatal, buque insignia de la desembocada nueva actitud:
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror… y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!…
A partir de este libro, Rubén Darío ya no abandonará su otoño, donde se suceden los temas americanos y las angustias como en El canto errante (1907), o en Poemas del otoño (1910) o el Canto a la Argentina
(1914). Y el enigma del cisne, cual esfinge de Tebas, seguirá con su
interrogante cuello encorvado; las princesas, suspirantes, aún se verán
rodeadas de la vistosidad oriental; el arte seguirá teniendo en sí mismo
su propio valor, mientras los demás vivamos nuestro azul, nuestro
divino tesoro camino de la edad autumnal… Y el Oscar Wilde nicaragüense
seguirá manando de la fuente inmortal:
(…) Y el crepúsculo, en su suave amatista, diluía la lágrima de un misterioso artista.
Y ese artista era yo, misterioso y gimiente, que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.
La Biblioteca Virtual Cervantes dedica al gran poeta una estupenda página webdonde puedes recabar todo tipo de información.
En 1912 Benito Pérez Galdós pronunciaba un discurso que relejaba la situación política de la época:
"Los
dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son
dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen
de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las
condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán
unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado
de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No
acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán
más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones,
favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con
los farolitos...Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen,
atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre
y nuevos focos de lumbre mental.
Tendremos
que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha
suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos
actualmente".
En este clima generalizado de desánimo y atonía cultural, jóvenes autores de América y de España se enfrentan a los últimos coletazos de la literatura realista. A estos escritores se les llamó despectivamente “modernistas”,
denominación que ellos consideraron acorde con su intención provocadora y antirrealista.
Con el tiempo, acabarán diferenciándose en varias corrientes, con una raíz común, pero con distintas actitudes:
Los que se mantienen fieles al Modernismo, preocupados especialmente por la renovación estética y por lograr un lenguaje sonoro y colorista: RUBÉN DARÍO y MANUEL MACHADO.
Los que se apartan poco a poco del Modernismo en busca de una expresión más honda y personal, de una poesía pura: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.
Los de la Generación del 98, en quienes la estética deja paso a un compromiso crítico con España y a preocupaciones existenciales, expresadas en un estilo sobrio y directo: ANTONIO MACHADO, PÍO BAROJA, MIGUEL DE UNAMUNO, JOSÉ MARTÍNEZ
RUIZ ‘AZORÍN’, RAMÓN Mª DEL VALLE-INCLÁN.
Así
pues, se define el Modernismocomo un movimiento artístico y literario que se
desarrolló entre finales del siglo XIX y principios del XX, que surgió entre un
grupo de escritores hispanoamericanos y españoles como reacción al materialismo
y la vulgaridad del mundo burgués, y al arte realista y naturalista. El
Modernismo se caracterizó por su culto a la belleza y a la sensualidad, y el
género más cultivado fue la poesía.
Los temas del Modernismo
El
Modernismo, movimiento encabezado por el nicaragüense RUBÉN DARÍO, supuso una
profunda renovación de la poesía hispánica, tanto en los temas como en el
lenguaje. Los modernistas se inspiran en los poetas franceses de finales del
siglo XIX, como Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, en su intento de lograr la
perfección formal y una armonía y sonoridad de los versos con los que apresar
el misterio que se esconde tras la realidad.
Los
modernistas recurren, pues, a nuevas fuentes de inspiración, de carácter
antirrealista:
La
fantasía: Desde el París bohemio y cosmopolita de principios del siglo XX, se
alimentan del paganismo de la mitología clásica, del exotismo de las culturas
oriental y nórdica, del primitivismo legendario de la Edad Media y de la
galantería del Versalles del siglo XVIII.
La
intimidad de inspiración romántica, que brota, bajo la sensualidad y la
elegancia formal de sus versos, teñida de melancolía y disfrazada con los
ropajes de lo otoñal, lo crepuscular, lo nocturno o lo decadente.
La
estética modernista
La
búsqueda de la belleza lleva a los escritores modernistas a una renovación del
lenguaje poético mediante la utilización de numerosos recursos:
Un
léxico culto, con vocablos nuevos, exóticos, brillantes, alejados de la lengua
común, junto a arcaísmos y extranjerismos; abundan en los poemas adjetivos
ornamentales, imágenes sugerentes, símbolos variados, atrevidas sinestesias;
palabras esdrújulas, ambientes evocadores: jardines, fuentes, estanques;
animales elegantes o fabulosos: unicornios, dromedarios,
centauros, cisnes, pavos reales, dragones; personajes reales o mitológicos: ninfas,
sátiros, efebos, bacantes, sirenas.
Un
estilo repleto de palabras sugerentes de las sensaciones que otras artes
consiguen a través de la luz, el color o el sonido. Se alude a colores
llamativos o delicados: azul, añil, púrpura, granate, oro, rubí, zafiro,
marfil, ébano; a efectos sonoros, mediante aliteraciones o referencias a
instrumentos musicales: arpa, lira, flauta, pífano, clave, piano; se recrean
olores exquisitos y aromas refinados mediante flores y plantas: rosas,
claveles, lirios, nardos, jazmines, nenúfares, sándalo, incienso.
El
deseo de musicalidad llevan a una gran variedad métrica: se experimenta con
estrofas, versos, acentos y rimas en la búsqueda de la originalidad y ritmo:
abundan los versos alejandrinos,
dodecasílabos, eneasílabos y versos libres. Predominan lossonetos, las silvas,
los serventesios, y también los de la lírica popular como los romances o las
coplas.
En
cuanto a las figuras retóricas, aparecen frecuentemente todas las que impliquen
repetición: aliteraciones y onomatopeyas en el plano fónico; paralelismos, anáforas
o enumeraciones, en el morfosintáctico; y metáforas o antítesis en el
semántico.
Influencias
Aunque
los escritores modernistas admiran y recuperan a los grandes poetas españoles
del pasado (Gonzalo de Berceo, Jorge Manrique, Góngora…), las mayores
influencias las reciben de Francia:
Del
romántico VÍCTOR HUGO aprenden los efectos sonoros.
A
los poetas parnasianos les deben los temas históricos y legendarios, la riqueza
de metros y rimas y las alusiones mitológicas.
De
los simbolistas, especialmente de PAUL VERLAINE, toman el gusto por las
sensaciones: la música tenue, la emoción delicada y el intento de armonizar
colores, sonidos, perfumes, etc., es decir, el llamado “sincretismo de las
artes”.
Los
avances en la ciencia, en la industria, en los transportes y en las
comunicaciones hicieron que Europa disfrutara hacia 1900 de un nivel de vida
mucho más alto que en 1800. Este desarrollo tuvo como consecuencia un gran
crecimiento de las ciudades. Los países europeos más poderosos controlaban,
además, las materias primas y el comercio en el resto del planeta. Por el poder
mundial competían Inglaterra, Francia, Alemania y un país en ascenso: Estados
Unidos, y las disputas entre todos ellos condujeron a la Primera Guerra
Mundial, de carácter muy destructivo y traumático para las conciencias de los
hombres.
En
España se produjo a fines del siglo XIX el llamado “Desastre del 98”, cuando la
derrota militar frente a los Estados Unidos acabó con los últimos restos del
antiguo imperio español, ya que se perdieron Cuba, Filipinas, Puerto Rico y la
isla de Guam. Ello provocó en la sociedad española un profundo sentimiento de
decadencia.
Los
escritores e intelectuales reflexionaron acerca de la situación del país: criticaron
la pobreza, el atraso y la ignorancia de la sociedad. Además, denunciaron el
engaño y la torpeza con que los políticos habían gestionado la crisis, y
demandaron una verdadera democratización del Estado y el fin del caciquismo y
la corrupción
La sociedad a finales del siglo XIX y
comienzos del XX
A
fines del siglo XIX, España era un país en franca decadencia:
En
lo económico y social, era eminentemente rural, con un sistema al servicio de
los grandes terratenientes. Sin embargo, iba adquiriendo importancia la
burguesía y el proletariado industrial catalán y vasco.
En
lo político, la alternancia bipartidista entre conservadores y liberales
favorecía que siempre gobernaran las clases privilegiadas, aunque fueron
surgiendo y haciéndose cada vez más presentes las ideas inconformistas del
movimiento obrero de ideología socialista y anarquista. En lo cultural, los
intelectuales criticaron las injusticias y el atraso de España. La finalidad
del arte pasó de representar la realidad a intentar cambiarla mediante una
regeneración profunda de su lenguaje, temas y motivos.
En
consecuencia, surgieron dos movimientos literarios, el Modernismo y la
Generación del 98, que coincidieron en su preocupación por el futuro del país y
en la necesidad de renovar la sociedad en todos sus ámbitos.
El Modernismo se desarrolló en Europa y en las Américas a finales del siglo XIX, manifestándose en las artes y en la literatura.
El Modernismo y la Generación del 98. ¿Dos grupos o un único colectivo de creadores en la España de fin de siglo?
A continuación, otro de la misma Fundación Zuloaga sobre la Generación del 98.El ambiente histórico de la España de finales del siglo XIX y la Guerra
de 1898 contribuyen a entender la génesis y evolución de los integrantes
de este grupo de creadores que tuvieron un papel relevante en la
cultura española de todos los tiempos.
Soledad Areales fue una mujer no sólo desconocida y
olvidada, sino deliberadamente
silenciada, que también fue acusada de impía y, por tanto, "perseguida,
calumniada, vilipendiada y maltratada".
Soledad Flora Areales Romero, nació en noviembre de 1850 en la localidad
cordobesa de Villaviciosa. Su padre y madre eran unos humildes maestros de
instrucción primaria, que, en 1870, tras el nacimiento de su décima y última
hija, María, deciden abandonar la docencia e instalarse con su numerosa prole
en Córdoba, montando una fábrica artesana de hacer fideos, que lleva entre toda
la familia. En ese momento Soledad tiene 20 años y comenzará en la capital sus
estudios de Magisterio. En 1873 falleció su padre y
ella como hija mayor tuvo que hacer el papel de segunda madre, preocupándose
sobre todo de educar a sus hermanas más pequeñas, Concha, Carmen y María.
Aún así, Soledad terminó sus estudios en la Escuela Normal de Maestras y
opositó -obteniendo el número 1- para conseguir una plaza de maestra. En julio de 1877, con 27 años
de edad, Soledad Areales llegó a Villa del Río (Córdoba) para encargarse de la
Escuela nº 2 de niñas de la localidad. Le acompañaban sus hermanas pequeñas
Carmen (10 años) y María (7 años), y su hermana Concha de 14 años a la que
Soledad preparaba para su ingreso en la Escuela Normal. En Córdoba quedaron su
madre y el resto de hermanos mayores. En esos primeros años Soledad
se encargó de su escuela, de hacer de madre de sus hermanas y aún tuvo
tiempo para seguir estudiando, consiguiendo el título de Maestra Superior en
1879. Además, su hermana Concha entró en la Escuela Normal y en 1883 ya era
maestra en la localidad cordobesa de Almedinilla. En 1887, tras la Ley de Asociaciones
del primer gobierno liberal de Sagasta, y la aprobación del Sufragio Universal
masculino en el siguiente bienio de Sagasta, en 1890, los republicanos
cordobeses se llenaron de optimismo y energías, de forma que obtuvieron una
importante victoria en las elecciones a diputados provinciales en 1890, y en
las municipales de Córdoba del año siguiente obtuvieron once concejales. Este
clima de euforia hizo que Soledad Areales comenzara a destacar en los ambientes
republicanos y obreros de su pueblo y diera inicio a los problemas con los caciques
locales, la jerarquía eclesiástica y las beatas del pueblo. Precisamente, en los primeros
poemas que publica en Las Dominicales del Libre Pensamiento (Madrid), «¡Nunca!»,
en el mes de junio de 1891, y «A mis detractores de ambos sexos», en el mes de
noviembre del mismo año, Soledad ya se defiende de las censuras a que es
sometida en Villa del Río, por no cumplir con las obligaciones católicas y por
simpatizar con las ideas librepensadoras y republicanas, algo totalmente
«inadmisible» para una maestra de niñas. Debido a ese ambiente enrarecido y a
la persecución que sufre, estos primeros trabajos los firmará con el
seudónimo «Una Andaluza». Amalia Domingo Soler debió
simpatizar con esta mujer, ejemplo de persecución del librepensamiento, y
publicó estos dos poemas en su revista espiritista y librepensadora «La Luz
del Porvenir». Pero este anonimato duró poco
y en agosto de 1892 ya sale a luz su verdadero nombre y asociado a Villa del
Río, cuando dona 5 pesetas a la organización del Congreso de Librepensadores
que se iba a celebrar ese año. Y por si esto no fuera poco, su siguiente
trabajo en noviembre de 1893, en recuerdo del fallecido Ramón Chíes, lo firmará
como lo hará siempre a partir de ese momento: Soledad Areales (Una Andaluza).
Las presiones continuarán y
poco después hubo un intento de la Inspección educativa, aliada con el Obispado
y con el alcalde, de abrir un expediente contra ella. Soledad escribirá sobre
esta persecución su poema «A Perico» (enero de 1894) y asegurará que uno de los
motivos era el hecho de que colaboraba con Las Dominicales.
La situación de la «impía» maestra de Villa del Río no
fue mejorando. Los nuevos artículos en La Conciencia Libre fueron motivo de
nuevos escándalos. A lo que se sumará el entierro civil de su hermana María que
fallecía en mayo de 1898 como resultado de una tuberculosis intratable.
Precisamente, Soledad Areales fue la artífice de que en Villa del Río se
construyera un cementerio civil. El entierro laico fue un acontecimiento multitudinario,
con banda de música y numeroso público proveniente de Córdoba y de otras
localidades vecinas; por supuesto, de Villa del Río fueron la mayoría de los
cientos de asistentes, demostrando con ello la gran simpatía que sentían hacia
Soledad Areales. Por el contrario, fue un auténtico mazazo para los
intolerantes y fanáticos neocatólicos del pueblo, y estaban esperando la
ocasión para destruir a Soledad y apartarla de la escuela de niñas.
Finalmente, en 1902, tras
haber ganado sus múltiples recursos, Soledad siguió siendo la maestra de niñas
de Villa del Río, pero como dice su biógrafa se vio envuelta en
una maraña burocrática, con continuas pegas para cobrar los atrasos que le
debían, y Soledad concursó esos años 1902 y 1903 para salir del pueblo, sin conseguirlo.
En marzo de 1905 organiza un mitin multitudinario republicano presidido por su compañera y amiga y editora de La Conciencia Libre, Belén Sárraga.
El acto fue denunciado como
anticlerical y la Junta Local de primera enseñanza, con el Cura Párroco a la
cabeza, descalificaron públicamente a la «cínicamente impía» maestra,
considerando de lo más pernicioso que siguiera su labor como maestra en el
pueblo. De nuevo resultó en un expediente que terminó en el Rectorado y con la
cesantía de la maestra y la suspensión de empleo y medio sueldo. El alcalde
hizo efectivo este fallo el 5 de mayo de 1905, y Soledad Areales dejó de ser
por segunda vez la maestra de Villa del Río. Tenía 55 años y con 28 años de servicio
en el pueblo.
Siguieron meses de apelaciones
y nuevas apelaciones ante instancias cada vez superiores, hasta que en 1909 el
Tribunal Supremo desestimó el recurso de Soledad y quedó apartada de la
docencia para siempre. Soledad Areales, Una
Andaluza, dejó de publicar en los medios republicanos y
librepensadores, se refugió en Villa del Río ayudado por queridos vecinos del
pueblo, y quedó en el olvido para siempre. No se conoce la fecha de su
defunción, pero su biógrafa Catalina Sánchez, siendo una niña, descubrió la lápida
irreconocible en el que fue antiguo y abandonado cementerio civil de Villa del
Río.
¿TE
ACUERDAS?
Era
del mes de mayo una mañana:
la
luz crepuscular
cual
lluvia de oro, las nocturnas sombras
conseguía
alejar.
De
las ondas el plácido murmullo
aun
me parece oír,
que
al resbalar en su pedroso lecho
hacía
el Guadalquivir.
Paseábamos
juntas por su orilla
mullido
de verdor,
aspirando
las brisas impregnadas
de
balsámico olor.
La
pradera ostentaba sus primores
a
la luz matinal,
desplegando
su manto verde grana
con
gotas de cristal.
Era
feliz; mi mente se extasiaba
en
su contemplación.
Por
qué permanecías insensible
a
tan dulce emoción?
De
súbito en tus ojos una lágrima
furtiva
sorprendí.
¿Por
qué lloras? -te dije- y compungida
me
respondiste así:
Porque
de nuestro afecto el dulce vínculo
es
preciso romper;
lo
ordena quien mi alma guía al cielo
y
es fuerza obedecer.
¡Las Mujeres tienen su Historia, es indudable, y Soledad Areales debe tener un lugar de honor en dicha historia!
Esta segunda semana del mes de marzo, celebramos el día 8 de Marzo, Día Internacional de las mujeres, con varias actividades en nuestro centro y nos sumamos a las iniciativas locales, provinciales, autonómicas y estatales para reivindicar el justo papel de las mujeres en nuestra sociedad.
Esta semana, nuestra propuesta poética nos la remite el profe más joven de nuestro centro y además, Coordinador del Plan de Igualdad,Javier Tenedor Tenedor,profesor de Geografía e Historia del I.E.S. Alhakén II.
Le ha sido muy difícil elegir el poema en conmemoración de este 8-M, porque hay multitud de poetisas feministas y la bibliografía es enorme, pero, ahondando en su niñez, en el amor y los buenos recuerdos por sus maestras de infancia, ha elegido dos poemas de la granGloria Fuertes, acusada en muchos casos de ser solo una poeta dedicada a niños, pero, entraña un universo digno de recordar como tantas y tantas mujeres que escribieron y forjaron mediante la palabra su legado eterno.
Gloria Fuertes (1917-1998) fue una popular poeta y escritora española tanto de infantil como de adultos, polifacética y escribió además para la prensa y colaboró con televisión. Desde los 5 años ya escribía e ilustraba sus cuentos, su interés se mantuvo pese a los pocos estímulos que tuvo en su familia. Ella amaba de verdad la poesía e hizo frente a su familia, pero con sus ganas salió adelante.
Pertenece a la generación del 50, conocida como los niños de la guerra, o la primera generación de la posguerra, su poesía se caracteriza por una denuncia moral, como la soledad, el amor, la injusticia, Dios. Afirmaba que "antes que contar las sílabas, los poetas deben contar lo que pasa".
La Guerra Civil Española marca su carácter antibelicista y se presenta de forma categórica. Sus versos sirvieron como una protesta a la censura, sus reivindicaciones feministas, las denuncias sociales, fue una de las pocas voces femeninas en reivindicar la igualdad de género y los derechos de la mujer, cuestionó los modelos tradicionales femeninos entendiendo y creando durante el franquismo un nuevo modelo de mujer, así se denominaba a ella como lesbiana, femenina, de aspecto varonil, voz ronca, fumadora, culta, intelectual, ingeniosa…
MUJER DE VERSO EN PECHO, de Gloria Fuertes. Selección de poemas. 1995.
YO SOY ASÍ.
Yo soy así
Como me estáis viendo.
Yo soy así.
Con la nariz pinochil,
Con hermosa nariz
(de pequeña no podía jugar al “orí”).
Flequillo y entrecejo acusado
no me acuso de haber amado.
Vestida de soltera,
mi moda es no ir a la moda,
mi guerra es no ir a la guerra.
Soy más pacifista que artista
más humanista que feminista,
más alta que baja,
mis músculos
más fuertes que García.
Soy tímida y no lo parece,
soy poeta y sí lo parece,
soy gorda y sí lo parece,
soy soltera y no lo parece.
soy viuda y sí lo parece.
soy una niña y no lo parece.
Soy así…
como me estáis leyendo.
Debido, además a la situación actual de guerra que está sufriendo Ucrania, ha elegido también este poema, que, aunque vinculado a la Guerra Civil Española, entraña el dolor de la guerra.