miércoles, 2 de junio de 2021

El teatro barroco

 


Durante el siglo XVII se produce un fenómeno absolutamente novedoso: el teatro se convierte en el género literario por excelencia, el de mayor éxito, el más seguido por el público. Por supuesto, la creación literaria, el texto, es solo la base, el pretexto para la verdadera y última creación artística: la representación. Varios son los factores que contribuyeron al desarrollo del teatro en el Barroco:

  • La demanda  popular de espectáculos trajo consigo la institución de espacios fijos para la representación de comedias, denominación genérica que se aplicó a todas las obras profanas en la época. Estos fueron los corrales de comedias.
  • La ingente proliferación de obras y autores (poetas, se decía entonces), nacida de la demanda de ese público amplio y popular. Destaca también la coincidencia en el tiempo de geniales dramaturgos, con una capacidad asombrosa de creación y de trabajo; quizá también motivados por el afán de éxito artístico y económico.
  • El establecimiento de compañías grandes y, en muchos casos, estables, aglutinadas en torno a un director-empresario: el autor.
En España los poderes públicos, y entre ellos la monarquía, no intervinieron directamente en la promoción y financiación del teatro como sucedía en el Reino Unido y en Francia. Su participación consistió en contratar periódicamente a las compañías privadas para ofrecer representaciones en los teatros palaciegos, o en organizar y pagar representaciones sacras, las de los autos sacramentales, con ocasión de las grandes festividades religiosas, el Corpus en particular.  Por añadidura, el recelo de la Corona, la Iglesia y los otros poderes respecto a las comedias hizo que estuvieran siempre bajo sospecha los cómicos y que las reglamentaciones sobre espectáculos llegasen a ser muy estrictas y hasta que, de vez en cuando, se prohibiesen las representaciones. Por consiguiente, fue la iniciativa privada el motor de esta gran eclosión del teatro, aunque los promotores y beneficiarios más directos fueran las cofradías religiosas.

El corral de comedias

Antes de que se utilizaran recintos cerrados para la representación teatral, las obras se ponían en escena en la calle, en tablados improvisados en las plazas públicas. Cervantes recordaba que en su mocedad, en la segunda mitad del siglo XVI, cuando él vio representar en Andalucía a Lope de Rueda, el teatro lo “componían cuatro bancos en cuadro y cuatro o seis tablas encima, con que se levantaba del suelo cuatro palmos”.
Las compañías de teatro, que antes vivían de “la voluntad” y a posteriori de la representación, comprendieron que solo podían tener una rentabilidad económica de su trabajo si podían cobrar entrada previamente a la representación. Para ello era imprescindible acotar un espacio, cerrarlo y convertirlo en estable. Este espacio ideal se encontró en los corrales, en los patios interiores que formaban las agrupaciones de casas. Las cofradías religiosas de caridad apoyaron a las compañías de los corrales cobrándoles un porcentaje a cambio de aportarles prestigio y salvaguardia. También, a veces, las apoyó el poder político y religioso, al considerar que el teatro controlado era el mejor medio propagandístico de su ideología.

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Teatro Español de Madrid ubicado en el antiguo Corral de la Pacheca
A fines del siglo XVI se instala el primer corral, el de la Pacheca —por estar en un solar de Isabel Pacheco— en el lugar del actual Teatro Español de Madrid, fundado por la Cofradía de la Pasión y Sangre de Jesucristo. A partir de 1582 se le llamó el Corral del Príncipe. Su principal rival fue el Corral de la Cruz.
Además de los corrales de Madrid, se pueden citar, entre otros, los de Doña Elvira, San Pedro y la Montería, en Sevilla; la casa de comedias de la Olivera y la Casa Nova de la Olivera, en Valencia; la casa  de comedias de Oviedo; la de Badajoz; la de Pamplona; la de Córdoba, el teatro de Puerta Real, de Granada; el corral de Alcalá de Henares, el de Almagro y el patio de comedias de Guadalajara. El único corral del comedias que sigue funcionando de todos estos es el corral de comedias de Almagro.
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Corral de comedias de Almagro

Estructura del corral de comedias

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Los corrales de comedias eran locales rectangulares descubiertos. En un extremo del patio se elevaba un escenario de unos dos metros de altura, con el objeto de facilitar la visión por parte del público. En él había un nivel superior, a modo de balconada o galería, donde también se actuaba; un cortinaje practicable, que permitía mostrar escenas “ocultas”, y un par de puertas por donde los actores entraban y salían. Los decorados eran de simplicidad extrema; a veces una cortina o la misma pared. El texto introducía pequeñas descripciones, el bosque, la calle, la casa, y los espectadores lo imaginaban. Con el tiempo se utilizaron aparatos y escotillones para hacer desaparecer a los personajes. Tras el escenario se encontraba el apuntador, que ayudaba a recordar el papel a los actores durante la actuación, y los músicos. Más tarde, los músicos se situaron bajo el escenario, tras una tabla agujereada para facilitar la audición.

El público del corral de comedias: juntos, pero no revueltos

El público estaba muy jerarquizado: las personas que podían permitírselo alquilaban los aposentos, balcones y ventanas de las casas particulares que circundaban en patio. En las primeras filas de este se colocaron, andando el tiempo, unos bancos o lunetas, tras los cuales había una barra o degolladero —porque llegaba a la altura del cuello— tras la que asistía de pie un turbulento público de hombres solos: los mosqueteros. Por último, y en un espacio severamente acotado, las mujeres se instalaban en la cazuela. Debajo de la cazuela estaba el alojero que vendía comida y aloja, bebida consistente en agua fresca, miel y canela.

Las representaciones teatrales eran espectáculos movidos y bulliciosos, donde la aceptación o repulsa de una obra no se limitaba al educado aplauso o al discreto murmullo de reprobación actuales. Cada corral contaba con seguidores y detractores tan fanáticos como los espectadores de los actuales partidos de fútbol. Los seguidores del Corral del Príncipe eran los chorizos y los del Corral de la Cruz eran los polacos. Ambos aplaudían a rabiar cuando se representaba una comedia en sus teatros y procuraban reventar las representaciones del teatro contrario. Los propios poetas no fueron ajenos al bullicio, sino que intervinieron en él con frecuencia. Por ejemplo, se atribuye a Lope de Vega y a sus amigos alguna trastada, como la de enterrar una especie de bomba fétida en el corral, con objeto de hundir un estreno de su denostado colega Ruiz de Alarcón, lo que, al parecer, consiguieron.

¿Más información sobre el público del teatro barroco? Pincha en este documento: El público del teatro barroco: juntos, pero no revueltos.

La representación

La representación se realizaba a la luz del día (a las dos en invierno y a las tres en verano). Se solía tender un toldo en caso de lluvia o de excesivo calor. El toldo evitaba también que hubiese algunas zonas iluminadas y otras en penumbra tanto en el tablado como en el patio. Probablemente, favorecía también la acústica del recinto, evitando que se perdiera la voz de los actores.

El escenario se iluminaba con luz artificial de velas y hachas (antorchas de cera). Las velas indicaban que la acción se desarrollaba en interiores. Las hachas indicaban exteriores, por lo general, una calle de noche. Curiosamente, el escenario aparecía más iluminado cuando se insinuaba ausencia de luz: había más claridad en las escenas nocturnas que en las diurnas.

Comenzaba con música para acallar al público. A continuación, el director de la compañía o un actor principal decía la loa o elogio a los espectadores. Después comenzaba el primer acto. Entre los actos solía representarse un entremés. Al final se representaba una jácara o una mojiganga, pequeñas obritas humorísticas y se terminaba con un baile. Los músicos eran los primeros que aparecían en el escenario y los que ponían punto final a la representación. Subrayaban la acción  e indicaba cambios de lugar y entradas y salidas de personajes.

Además de la música y la luz, el teatro barroco contaba con numerosos recursos escénicos entre los que destacan los siguientes:

  • Apariencias: eran telones o lienzos pintados que mostraban acciones difíciles de representar o bien actores que imitaban pinturas conocidas. Se revelaban corriendo una o varias cortinas.
  • Tramoyas: se trataba de apariencias montadas sobre máquinas; solían estar iluminadas con velas y adornadas con flores.
  • Escotillones: consistían en aberturas que permitían la entrada en escena de un personaje o figura desde abajo.
  • Bofetones: estos artilugios, que giraban rápidamente, hacían aparecer o desaparecer personas u objetos.

¿Más información sobre el espectáculo del teatro barroco? Consultad el documento: El espectáculo del teatro barroco: mucho más que teatro.

Los actores

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Los empresarios y los actores de la comedia del Siglo de Oro trabajaban individualmente o en grupo. El escritor y actor Agustín de Rojas Villandrando, en su obra El viaje entretenido (1603), nos habla de ocho tipos de compañías que se mantenían en activo durante el siglo XVII:

  • Bululú. Es un único actor que va a pie de un pueblo a otro y representa él solo todos los papeles de la comedia que lleva aprendida subido sobre un arca.
  • Ñaque. Se compone de dos hombres que representan un entremés, alguna parte de un auto y otras piezas. Según Rojas, “viven contentos, duermen vestidos, caminan desnudos, comen hambrientos y espúlganse en verano entre los trigos y en el invierno no sienten con el frío los piojos”.
  • Gangarilla. Compañía de tres o cuatro hombres que llevan, además, un muchacho que hace el papel de dama. “Hacen dos entremeses de bobo, cobran a cuarto, pedazo de pan, huevo y sardina”.
  • Cambaleo. Se componía de “una mujer que canta y cinco hombres que lloran”. Representan una comedia, un par de autos y algunos entremeses, y permanecen cuatro o seis días en los lugares.
  • Garnacha. Es una compañía de cinco o seis hombres, una mujer que hace el papel de primera dama y un muchacho que hace el de la segunda. En un arca llevan “dos sayos, una ropa, tres pellicos, barbas y cabelleras”. Representan cuatro comedias, tres autos y otros tantos entremeses.
  • Bojiganga. Dos mujeres, un muchacho y seis o siete hombres conforman este tipo de compañía corta que representa seis comedias, tres o cuatro autos y varios entremeses.
  • Farándula. Es “víspera de compañía” y se compone de tres mujeres y ocho o diez hombres. Representan diez comedias, trabajan en las fiestas del Corpus y viven de manera más acomodada que el resto de las compañías mencionadas.
  • Compañía. Es un grupo numeroso y más sedentario que el resto. Según cuentan Agustín de Rojas “tienen cincuenta comedias, trescientas arrobas de hato, diez y seis personas que representan, treinta que comen, uno que cobra y Dios sabe el que hurta.” Cada compañía estaba dirigida por un empresario o autor (diferente, por lo general, del poeta o creador de la obra).

Los buenos actores y actrices —muchos de ellos cultos y algunos incluso de origen noble— hacían gala de una gran calidad interpretativa. Los intérpretes de la comedia procuraban coordinar en las representaciones voz, gesto y movimiento escénico. Si las emociones representadas eran violentas, los gestos tenían mayor peso; si los sentimientos eran contenidos o suaves, el peso recaía más en la voz. El énfasis del gesto y la voz de acomodaba al momento dramático.

En general, los comediantes eran muy mal considerados. Solo cobraban los días que había actuación, por lo que pasaban muchos apuros. Solían actuar con su propio vestuario, lo que resultaba a veces anacrónico con la época que se representaba, aunque siempre eran lujosos y llamativos.  Este vestuario constituía la posesión más preciada de los actores: cuando pasaban por problemas económicos, solían salir de ellos empeñándolo. El vestuario llegó a ser una especie de decorado ambulante: servía para situar el lugar y el tiempo de la acción, además de cumplir otras variadas funciones escénicas. Por ejemplo, un sombrero y un gabán cubiertos de algodón que parecía nieve indicaban el invierno, y un vestido “de noche” (normalmente una capa de color) informaba a los espectadores del momento del día.

Por su carácter convencional, el vestuario debía comunicar inmediatamente al público la condición social del personaje (noble o campesino, pobre o rico, rey o soldado). La vestimenta de los personajes sobrenaturales también era convencional: los ángeles con traje blanco y capa, los demonios de negro. El gracioso salía vestido de manera que provocara la risa en los espectadores y se diferenciara claramente de los demás personajes.

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Los actores y las actrices de la época eran muy conocidos y admirados por el público y, como ahora, eran protagonistas de la vida social. Algunos de los más importantes fueron María Inés Calderón, conocida como “La Calderona”, que fue amante del rey Felipe IV.

Jusepa Vaca, apodada “La Gallarda”,  mujer de belleza proverbial, pero de vida poco ejemplar, a juzgar por los versos que sobre sus infidelidades circularon en la época (estuvo casada con el autor de comedias Juan de Morlanes):

Con tanta felpa en la capa
y tanta cadena de oro,
el marido de la Vaca
¿qué puede ser sino toro?

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o Juan Rana, nombre con el que era conocido el actor Cosme Pérez, tal vez el cómico más celebrado del siglo XVII, para el que se escribieron papeles específicos y obras con la referencia de su apodo como principal reclamo. Su popularidad llegó a tal extremo que era habitual anunciar falsamente su intervención en una comedia para atraer a los espectadores. De él se decía que, gracias a su figura contrahecha (que puede apreciarse en el retrato arriba reproducido) su simple presencia en el escenario provocaba la risa y el aplauso. Se hizo muy famoso interpretando al gracioso de Lo que ha de ser de Lope de Vega y los entremeses de Luis Quiñones de Benavente. Se especializó en papeles de alcalde de pueblo y de simple o bobo, pero desempeñó con éxito muchos más. 

Su apodo “Juan Rana” parece que procede de la expresión “por ser la rana ni carne ni pescado” surgido a raíz de un proceso por homosexualidad del que saldría absuelto en 1636, quizá por intervención de sus admiradores. En efecto, hay en los textos que interpretó constantes alusiones a la homosexualidad, a lo que ayudaba su voz, muy atiplada, que en aquella época se consideraba afeminada.

Llegó a tener amistad y privilegios con el rey Felipe IV, gracias a la recomendación de la amante del rey, la actriz María Calderón, llamada “La Calderona”. Esto le permitió solicitar la ayuda real cuando los corrales fueron cerrados o la intercesión real ante la justicia, como ocurrió cuando su sobrina fue acusada de asesinar a su marido. 

Durante el reinado de Carlos II continuó gozando de gran fama, aunque ya solo pisaba las tablas de forma excepcional. Murió en Madrid, en cuya calle de Cantarranas (actual calle Lope de Vega) había vivido la mayor parte de su vida, el 20 de abril de 1672, a los 79 años.

¿Te interesa saber algo más sobre los actores del teatro barroco español? Pincha aquí.

 Elementos verbales y no verbales de la representación

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En las representaciones teatrales de los corrales adquirieron relevancia distintos elementos tanto del código verbal como de los códigos no verbales.

La proximidad entre actores y público en los corrales debió de afectar a la técnica de interpretación; sin embargo, se desconoce si se representaba de modo exagerado o no. En las acotaciones había observaciones como suspirando, con turbación, con ira, con inquietud, con voz lastimosa, que orientaban acerca del tono de la voz. La pertenencia a un estrato social bajo se indicaba con el sayagüés, habla rústica que se oponía al lenguaje afectadamente culto.En las obras eran frecuentes las acotaciones que señalaban las entradas y salidas de los personajes y otros movimientos. Además, algunos gestos y movimientos estaban implícitos en los diálogos. Parece que existían gestos convencionales para expresar distintos sentimientos.

El teatro era considerado un espectáculo moralmente muy peligroso, por eso se sometía a una estricta vigilancia. Las mujeres no podían sentarse junto a los hombres, aunque en España, a diferencia del teatro inglés, las mujeres podían ser actrices (o cómicas, como se decía en la época). Estas cómicas no gozaron de muy buena reputación en la mayor parte de los casos. Frecuentemente, las representaciones se suspendían por festividades religiosas, por fallecimiento de personalidades, o por censuras; también había ocasiones en que se prohibía actuar a las mujeres o bailar en el escenario, por considerarlo escandaloso.

Los géneros teatrales

Siguiendo al crítico Ignacio Arellano podríamos clasificar las obras dramáticas extensas del siglo XVII en dos grandes grupos:

Obras dramáticas serias

  • Tragedias: se caracterizan por la lucha del protagonista contra la fuerza del destino, lo inevitable, así como su final infausto. A pesar de ello, resultaban atractivas para el público, por su efecto de catarsis, la liberación del dolor al identificase con el sufrimiento de los personajes.
  • Tragicomedias: tratan temas variados, casi siempre relacionados con el honor. Los elementos cómicos, a cargo del gracioso, se organizan en secuencias relativamente aisladas.
  • Autos sacramentales: son obras religiosas cuyo asunto fundamental es la exaltación de la Eucaristía. Se caracterizan por el uso de la alegoría y por otra serie de convenciones.

Obras dramáticas cómicas

  • Comedias de capa y espada: protagonizadas por caballeros, tratan asuntos amorosos cercanos en el tiempo y en el espacio a los espectadores; su inverosimilitud pretende sorprender al público.
  • Comedias de figurón: en la trama característica de las comedias de capa y espada, se inserta un protagonista cómico, figura central de la comicidad grotesca.
  • Comedias palatinas: son comedias de enredo (como las de capa y espada) con una acción situada en la lejanía espacial y/o temporal. Sus protagonistas son nobles.
  • Comedias burlescas: se solían representar durante el carnaval o el día de San Juan en las fiestas cortesanas. A menudo, son parodias de comedias serias, y su comicidad reside en la inversión de los valores del decoro: alegría por la deshonra, venganzas grotescas y humor verbal.

El gusto barroco por lo teatral hizo que proliferaran piezas dramáticas breves, que solían incluirse intercaladas en la representación de obras extensas:

  • Entremeses. Eran piezas jocosas de un solo acto. En unos predominaba la acción burlesca o de un asunto erótico; en otros, la presencia de personajes extravagantes. Algunos se centraban también en la experimentación con el lenguaje o con los recursos teatrales de vestuario, decorados, etc.
  • Loas. Se utilizaban como introducción a la representación y con ellas pretendía ganar el favor del público y su silencio. Solían ser de carácter cómico, aunque también se compusieron loas sacramentales, que introdujeron la materia teológica, y loas cortesanas, que exaltaban a personajes reales.
  • Bailes. Se trataba de romances cantados, que generalmente versaban sobre luchas entre rufianes y hampones.
  • Mojigangas. Consistían en danzas descompuestas y movimientos ridículos, con disfraces de animales, en medio de un barullo estrepitoso.
  • Follas. Eran mezclas, sin ningún orden, de breves estructuras cómicas de otros géneros, que servían como pretexto para cantar y bailar.

El teatro cortesano

También se desarrolló en el siglo XVII un teatro de corte para el disfrute de los reyes y los nobles; ya a principios de siglo, Felipe III hizo transformar uno de los patios del palacio en teatro. Pero junto a la representación de las comedias, pronto surgió un tipo de teatro fantástico, mitológico, de magia, que se hizo posible en los grandes salones gracias a los avances en la escenografía. Dichos avances fueron llevados a cabo en estos ámbitos a partir de 1630, cuando llegan a la corte los escenógrafos italianos Cosimo Lotti y Baccio del Bianco (este llegó en 1651, en sustitución del primero), que traerán consigo una gran riqueza de decorados y una complicada tramoya, basada en el uso de máquinas que producen cambios, efectos especiales, apariciones y desapariciones de los personajes, ya sea por los aires o por el suelo, etc.

martes, 1 de junio de 2021

¿Eres fans de nuestro Don Luis de Góngora y Argote?

Góngora es el único autor importante de su tiempo cuya obra está fechada pieza por pieza, con rara precisión, lo que nos invita a leerla cronológicamente, siguiendo los vaivenes de su biografía que expresan toda una filosofía de la vida.

Empezamos con la presentación que el autor de Don Quijote, en el Viaje del Parnaso nos muestra:
Estotro que sus versos encarama
sobre los mismos hombros de Calisto,
tan celebrado siempre de la fama,
es aquel agradable, aquel bienquisto,
aquel agudo, aquel sonoro y grave
sobre cuantos poetas Febo ha visto; 
aquel que tiene de escribir la llave
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe:
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo.
Sabemos que nació un jueves 11 de julio de 1561 y vivió sus primeros años en la llamada Casa de las Pavas, propiedad de su tío Francisco de Góngora. Precisamente por petición de ese tío suyo, el apellido materno (Góngora) se antepuso al paterno (Argote).
¿Cómo era físicamente Don Luis? El mismo se describe en este Romance:
 
 Hanme dicho, hermanas,
que tenéis cosquillas
de ver al que hizo
a Hermana Marica.
Porque no mováis,
él mismo os envía
de su misma mano
su persona misma:
digo su aguileña
filomocosía,
ya que no pintada,
al menos escrita;
y su condición,
que es tan peregrina
como cuantas vienen
de Francia a Galicia.
Cuanto a lo primero,
es su señoría
un bendito zote
de muy buena vida,
que come a las diez
y cena de día,
que duerme en mollido
y bebe con guindas;
en los años mozo,
viejo en las desdichas,
abierto de sienes,
cerrado de encías;
no es grande de cuerpo,
pero bien podría
de cualquier higuera
alcanzaros higas;
la cabeza al uso,
muy bien repartida,
el cogote atrás,
la corona encima;
la frente espaciosa,
escombrada y limpia,
aunque con rincones,
cual plaza de villa;
las cejas en arco,
como ballestillas
de sangrar a aquellos
que con el pie firman;
los ojos son grandes,
y mayor la vista,
pues conoce un galgo
entre cien gallinas;
la nariz es corva,
tal, que bien podría
servir de alquitara
en una botica;
la boca no es buena,
pero a mediodía,
le da ella más gusto
que la de su ninfa;
la barba, ni corta
ni mucho crecida,
porque así se ahorran
cuellos de camisa
.................................. cuellos de camisa; 

Estudió Leyes en Salamanca y allí parece que se inició en las tareas poéticas al tiempo que llevaba una vida alegre y desahogada. De vuelta a Córdoba, comienza su carrera dentro de la Iglesia, propiciada por la herencia de unos beneficios eclesiásticos de un tío suyo. No obstante, su vida sigue siendo un tanto disipada y continúa con sus aficiones literarias. Tras una denuncia del arzobispado, se recata, aunque no renuncia a sus actividades literarias. Viaja mucho en misiones encomendadas por el cabildo. Sus poemas empiezan a granjearle cierta fama y cuando se instala en Madrid en 1617, es ya considerado el mejor poeta de su tiempo. Sin embargo, su vida en la corte no le resulta fácil, aunque haya obtenido el cargo de capellán real. Mueren sus poderosos protectores y sus pretensiones cortesanas se ven frustradas. Amante de la vida lujosa y muy aficionado al juego, se ve acosado por las deudas. Ya enfermo, regresa a Córdoba, donde muere en 1627.




Lope de Vega compuso a la muerte e inmortalidad de don Luís este soneto:
Despierta, oh Betis, la dormida plata,
y coronado de ciprés, inunda
la docta patria, en Sénecas fecunda,
todo el cristal en lágrimas desata. 

Repite soledades, y dilata,
por campos de dolor, vena profunda,
única luz, que no dejó segunda;
al Polifemo ingenio Atropos mata.
 

Góngora ya la parte restituye
mortal al tiempo, ya la culta lira
en cláusula final la voz incluye.

Ya muere y vive; que esta sacra pira
tan inmortal honor le constituye,
que nace fénix donde cisne expira.
SU OBRA 

Góngora es exclusivamente un poeta lírico, excepción hecha de la composición de dos comedias: El doctor Carlino (inconclusa) y Las firmezas de Isabela, obras en las que se aparta del modelo del teatro de Lope de Vega. Se conserva también más de un centenar de cartas, casi todas de la época madrileña, que contienen interesantes datos biográficos y algunos juicios literarios.
La obra lírica de Góngora circuló de forma oral y manuscrita durante su vida. Sus versos se editaron póstumamente, algunas ediciones con comentarios eruditos, como si se tratara de un clásico. Se conserva además un lujoso manuscrito donde se pueden leer los poemas de Góngora acompañados de su fecha de composición, lo que permite trazar con bastante seguridad una cronología de sus poemas.
Estos datos cronológicos han permitido descartar la existencia de dos épocas diferentes en la poesía gongorina, la del poeta fácil, sencillo y popular, y la del escritor oscuro y complejo, puesto que los procedimientos expresivos de su poesía más culta se pueden encontrar en textos muy tempranos de Góngora.
Sin embargo, desde 1609, su intención explícita es la de crear un nuevo lenguaje poético mediante la acumulación e intensificación de recursos retóricos utilizados anteriormente y el uso de otros nuevos. Va a ser a partir de esta voluntad de forjar una nueva poesía cuando componga sus obras mayores: Fábula de Polifemo y Galatea (1612), Soledades (1613-4) y Fábula de Píramo y Tisbe (1618). El resto de su producción poética consta de más de doscientos romances y letrillas al modo popular, unos dos centenares de sonetos, algunas composiciones diversas y un poema inconcluso en octavas reales, el Panegírico al duque de Lerma (1617).

                La poesía de arte menor

Los poemas en versos cortos de Góngora fueron ya muy populares en su época y continuaron siéndolo después. Este extenso grupo de poemas no está exento de artificios y dificultades y siempre se nota, pese a la inspiración popular, la mano del poeta culto.
Las letrillas y otras composiciones de arte menor a veces tienen un tono serio y tratan de temas graves, son muy frecuentes los textos de carácter humorístico o satírico, en los que se utilizan chistes, alusiones desvergonzadas, expresiones escatológicas, etc.
Pese a estos rasgos, no se trata de una literatura intrascendente, puesto que en toda esta poesía satírica se critican muchos de los valores establecidos (el amor, los sentimientos caballerescos, el sentimiento patriótico…)
Sus romances son muy notables y con ellos el Romancero nuevo alcanza sus mayores cimas. También en ellos se alterna e incluso se mezcla lo serio y lo burlesco. Tratan de los más diversos temas: caballerescos, moriscos, de cautivos, pastoriles, amorosos, mitológicos, satíricos…
Entre los romances merece especial atención la Fábula de Píramo y Tisbe, larga composición de más de quinientos versos, escrita en 1618, que resume a la perfección los rasgos más sobresalientes de la poesía gongorina: su tendencia al cultismo junto a su gusto por lo popular, la visión burlesca de la realidad y la reflexión seria, el refinamiento exquisito al lado de la expresión chocarrera. Este poema heroico-cómico narra grotescamente un tema mitológico grave y serio. Con ello, el poeta barroco está burlándose, con actitud distanciada de sus propios mitos.

                  La poesía de arte mayor

Los sonetos
Góngora fue un gran sonetista. Sus sonetos normalmente siguen el modelo clásico de cuartetos expositivos y tercetos conclusivos, aunque a veces utiliza fórmulas distintas.
Abordó en ellos variados temas: amorosos, satírico-burlescos, morales mitológicos, de circunstancias, etc.:
1.      Los sonetos amorosos, más frecuentes al principio de su producción, son de hechura petrarquista, muy literarios y estilizados, y carecen de la pasión vital que transmiten los de Lope o Quevedo.
2.      Los sonetos satírico-burlescos prolongan esta vena típica de otros poemas de Góngora. En ellos, sin renunciar a la perfección formal y a los recursos retóricos de la tradición culta, incorpora elementos de la poesía popular y no evita el léxico coloquial e incluso vulgar.
3.      Los sonetos de tema moral reflejan la situación vital del poeta y, en tono serio o burlón, expresan sus inquietudes, sobre todo los escritos en su última estancia en Madrid, en los que es manifiesto su desengaño, y que entroncarían con el tópico clásico del “menosprecio de corte”
Fábula de Polifemo y Galatea. Soledades.
Con estos dos grandes poemas lleva Góngora a su culminación el estilo culterano. En ellos, las dificultades se acumulan de tal forma que sólo resultan comprensibles para un lector extremadamente culto. Son concebidos como un reto a la inteligencia. Por eso, concitaron desde el primer momento la adhesión o el rechazo absolutos.
La Fábula de Polifemo y Galatea, escrita en octavas reales, se basa en un tema mitológico de tradición clásica: el gigante de un solo ojo Polifemo, enamorado de la ninfa Galatea, enfurece de celos al conocer los amores entre la ninfa y el pastor Acis y arroja un peñasco sobre su rival, que queda convertido en río. Es un poema lleno de imágenes, metáforas, hipérbatos de un gran barroquismo y belleza formal en donde el cordobés demuestra su mejor arte culterano. Apreciad el contraste descriptivo entre la ninfa y el cíclope:
Descripción de Polifemo

(...)Un monte era de miembros eminente
Este que —de Neptuno hijo fiero—
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado.

Negro el cabello, imitador undoso
De las oscuras aguas del Leteo,
Al viento que lo peina proceloso
Vuela sin orden, pende sin aseo;
Un torrente es su barba, impetuoso
Que —adusto hijo de este Pirineo—
Su pecho inunda— o tarde, o mal, o en vano
Surcada aun de los dedos de su mano (...)
 
Descripción de Galatea

 
(...) Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno. 

Purpúreas rosas sobre Galatea
La Alba entre lilios cándidos deshoja:
Duda el Amor cuál más su color sea,
O púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
Émula vana. El ciego dios se enoja,
Y, condenado su esplendor, la deja 

Pender en oro al nácar de su oreja

Góngora compone las Soledades inmediatamente después del Polifemo. La idea original es que las Soledades fueran cuatro, pero finalmente Góngora sólo compuso la primera y parte de la segunda. En total, unos dos mil versos agrupados en silvas. En la primera, un joven náufrago es acogido por unos cabreros que celebran unas bodas. En la Soledad segunda, convive con unos pescadores. En realidad, el argumento no es lo más importante sino el uso de los recursos formales que aportan estilización, sensorialidad, musicalidad, color, brillo y luz. Las Soledades  es una obra de difícil comprensión y en su época suscitó numerosas polémicas entre defensores y detractores.  Os dejo el inicio de su Soledad primera:
Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
—Media luna las armas de su frente,
Y el Sol todo los rayos de su pelo—,
Luciente honor del cielo,
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar; que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arïón dulce instrumento. 

El magisterio de Góngora dio origen a una escuela poética gongorina o culterana pero su influjo no terminó ahí. En el siglo XX, Dámaso Alonso explicó los versos de la obra para hacerlos más asequibles al público y el estilo metafórico y embellecido del cordobés ha traspasado su propia época, pues generación posteriores de poetas lo han admirado y seguido (como así  lo hicieran los poetas de la Generación del 27)
  
Si pinchas en la imagen podrás visitar la exposición que durante el 2012 se realizó para
la conmemoración del 450 aniversario del nacimiento de Luis de Góngora

http://www.bne.es/es/Micrositios/Exposiciones/Gongora/

Puedes también realizar un paseo gongorino por Córdoba


¡ Al Ataque ! ¡ Batalla de Versos ! Góngora versus Quevedo

La Filóloga Carmen Javaloyes Jiménez publicaba en realidadliteral.com : "El amor, la pasión, el odio... son temas recurrentes de la literatura. Pero pocas veces el enfrentamiento puramente formal se ha llevado a lo personal".  Este es el caso de Góngora y Quevedo.


 Así reaccionaba Quevedo al oírse comparado con Góngora (de la película Alatristre)




Primer asalto. Ataca Quevedo.



CONTRA DON LUIS DE GONGORA Y SU POESIA

Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

  
Segundo asalto. Ataca Góngora. Góngora se burla  de los pies zambos de Quevedo, que hacían que anduviera cojeando, y de sus gafas, los famosos “quevedos”:



Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregesco luego


Tercer asalto. Ataca Quevedo.



Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla;
Chocarrero de Córdoba y Sevilla,
Y en la Corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.


Cuarto asalto. Ataca Góngora.


A don Francisco de Quevedo

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.

Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina

a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,

que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.
 

                                                            ( Portal Poesía VersOados 2003-2007)

Aquí el famosísimo soneto A una nariz, dedicado, a Góngora, al que acusaba de ser judío.

 Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.


Érase un reloj de sol mal encarado,
érase un alquitara pensativa,
érase un elefante boca aariba,
era Ovidio Nasón mas narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era.
 
Érase un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.

OTRO SONETO DE QUEVEDO CONTRA GÓNGORA Y SU VICIO DE JUGADOR

Contra el mismo (Góngora)
Tantos años, y tantos todo el día,
menos hombre, más Dios, Góngora hermano.
No altar, garito sí; poco cristiano,
mucho tahúr, no clérigo, sí arpía.
Alzar, no a Dios: extraña clerecía.
Misal apenas, naipe cotidiano;
sacar lengua y barato, viejo y vano,
son sus misas, no templo y sacristía.
Los que güelen tu musa  y tus emplastos,
cuando en canas y arrugas te amortajas,
tal epitafio dan a tu locura:
"Yace aquí el capellán del rey de bastos,
que en Córdoba nació, murió en Barajas
y en las Pintas le dieron sepultura.

QUEVEDO ATACA EL ESTILO DE GÓNGORA Y LOS CULTERANOS (HACIA 1613) 
 RECETA PARA HACER SOLEDADES EN UN DÍA 
Quien quisiere ser culto en sólo un día 
la jeri (aprenderá) gonza siguiente: 
fulgores, arrogar, joven, presiente, 
candor, construye, métrica, armonía; 
poco, mucho, si, no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente, 
pulsa, ostenta, librar, adolescente, 
señas, traslada, pira, frustra, harpía. 
Cede, impide, cisuras, petulante, 
palestra, liba, meta, argento, alterna, 
si bien, disuelve, émulo, canoro. 
Use mucho de líquido y de errante, 
su poco de nocturno y de caverna, 
anden listos livor, adunco y poro; 

que ya toda Castilla con sola esta cartilla 
se abrasa de poetas babilones, 
escribiendo sonetos confusiones; 
y en la Mancha pastores y gañanes, 
atestadas de ajos las barrigas, 
hacen ya cultedades como migas.
 


 En este otro soneto, Quevedo ataca la suciedad de los versos de Góngora:

Vuestros coplones, cordobés sonado,
sátira de mis prendas y despojos,
en diversos legajos y manojos,
mis servidores me los han mostrado.
 
Buenos deben de ser, pues han pasado
por tantas manos y por tantos ojos,
aunque mucho me admira en mis enojos
de que cosa tan sucia hayan limpiado.
 
No los tomé porque temí cortarme
por lo sucio, muy más que por lo agudo;
ni los quise leer por no ensuciarme.
 
Y así, ya no me espanta el ver que pudo
entrar en mis mojones a inquietarme
un papel de limpieza tan desnudo

ESTE QUE, EN NEGRA TUMBA, RODEADO
 Poema mortuorio-burlesco de Quevedo tras el fallecimiento de Góngora
(aunque hay quien defiende que se lo compuso en vida)

Este que, en negra tumba, rodeado
de luces, yace muerto y condenado,
vendió el alma y el cuerpo por dinero,
y aun muerto es garitero;
y allí donde le veis, está sin muelas,
pidiendo que le saquen de las velas.
Ordenado de quínolas estaba,
pues desde prima a nona las rezaba;
sacerdote de Venus y de Baco,
caca en los versos y en garito Caco.
La sotana traía
por sota, más que no por clerecía.
Hombre en quien la limpieza fue tan poca
(no tocando a su cepa),
que nunca, que yo sepa,
se le cayó la mierda de la boca.
Éste a la jerigonza quitó el nombre,
pues después que escribió cíclopemente,
la llama jerigóngora la gente.
Clérigo, al fin, de devoción tan brava,
que, en lugar de rezar, brujuleaba;
tan hecho a tablajero el mentecato,
que hasta su salvación metió a barato.
Vivió en la ley del juego,
y murió en la del naipe, loco y ciego;
y porque su talento conociesen,
en lugar de mandar que se dijesen
por él misas rezadas,
mandó que le dijesen las trocadas.
Y si estuviera en penas, imagino,
de su tahúr infame desatino,
si se lo preguntaran,
que deseara más que le sacaran,
cargado de tizones y cadenas,
del naipe, que de penas.
Fuese con Satanás, culto y pelado:
¡mirad si Satanás es desdichado!


Y tú qué opinas ¿Quién es el ganador?