martes, 30 de mayo de 2017

Cervantes: El manco de Lepanto



Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis [...]; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha [...]. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo; herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros [...].
                                                                                          MIGUEL DE CERVANTES
                                                                                                    Prólogo Novelas ejemplares 

La vida de Cervantes, como su obra, recoge el legado cultural, ideológico, estético y literario del Renacimiento para llevarlo hasta el Barroco. Porque son su vida y su obra (sobre todo el Quijote) un puente que comienza con los ideales y el optimismo renacentista, y termina con la realidad desengañada y el pesimismo del Barroco. Quiso ser, como Garcilaso, un caballero poeta, pero  sus sueños con las armas se frustraron pronto,y quizás por ello se dedicó profusamente a las letras, cultivando todos los géneros de su tiempo. Sin embargo, también en esto tuvo muchos sinsabores y en vida no disfrutó, ni de lejos, del reconocimiento y la gloria que conoció su nombre y su obra tras su muerte. 



En lo que sabemos de su vida hay muchas lagunas, y muchos historiadores rastrean documentos y testimonios buscando datos y  acontecimientos a él vinculados. Se sabe que nació en Alcalá de Henares en 1547, y  se saben cosas de su familia, pero el primer dato seguro (y significativo) de su juventud es su viaje a Italia en 1569, donde se empapó de la literatura renacentista italiana, que se reflejará en muchas de sus obras, en géneros como las "Novelas ejemplares" (de origen italiano) o ecos concretos.

Pronto se enrolará en los tercios como soldado al servicio del Imperio Español, por aquel entonces embarcado en las guerras de religión alentadas por la Contrarreforma, que en le Mediterráneo se concretaron en la lucha contra los turcos. Y contra ellos participó en la famosa batalla de Lepanto, en 1571,   y de esta participación dan cuenta documentos de la época:
Cuando se reconosció el armada del Turco, en la dicha batalla naval, el dicho Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura, y el dicho capitán... y otros muchos amigos suyos le dijeron que, pues estaba enfermo y con calentura, que estuviese quedo abajo en la cámara de la galera; y el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían de él, y que no hacía lo que debía, y que más quería morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta, y que con su salud... Y peleó como valente soldado con los dichos turcos en la dicha batalla en el lugar del esquife, como su capitán lo mandó y le dio orden, con otros soldados. Y acabada la batalla, como el señor don Juan supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado el dicho Miguel de Cervantes, le acrescentó y le dio cuatro ducados más de su paga... De la dicha batalla naval salió herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de que quedó estropeado de la dicha mano.
Esta anécdota deja claro su afan de heroísmo y su preocupación por la fama, uno de los ideales renacentistas, y el hecho de que pasara a la historia con el sobrenombre de "manco de Lepanto", porque la herida de arcabuz le dejó inutilizada su mano izquierda. Seguramente, muchas de sus aspiraciones como soldado se vieron frustradas ahí, porque evidentemente, su participación en la lucha no iba a poder ser la misma. Eso sí: él siempre se mostró orgulloso de su participación en esa batalla histórica e incluso de las heridas en ella recibidas, como prueba indeleble de su heroísmo (por ejemplo, en el prólogo a la segunda parte del Quijote)

En 1575 intenta volver a España, pero el barco en que regresaba cae en poder de los turcos cerca ya de la costa catalana. Permanecerá preso ("cautivo", en el lenguaje de la época) como esclavo en Argel  durante cinco años, el tiempo que se tardó en pagar el rescate que por él pedían: unos 500 ducados, precio bastante elevado (porque como llevaba cartas de recomendación entre otros de D. Juan de Austria, hermano bastardo del rey, sus captores pensaron que era alguien muy importante) y que los frailes trinitarios (que se encargaban de ejecutar estos rescates) tardaron en reunir. En esos cinco años tratará de escapar varias veces y toda su experiencia como cautivo se reflejará luego en muchas de sus obras (la historia del cautivo intercalada en el Quijote o varias de sus comedias, por ejemplo).

En 1581 regresa a España, cargado con la deuda de lo pagado en el  rescate, por lo que se ve obligado a buscar algún medio de susbsistencia, y llega a intentar marcharse a las Indias. En esta época tiene una hija "natural" (es decir, fuera del matrimonio) llamada Isabel, a la que no duda en reconocer, y se casa con Catalina de Salazar, pero su matrimonio, del que no tendrá hijos, será un fracaso. Y es en este momento cuando comienza su carrera como escritor, interesándose por la incipiente actividad teatral en la España de la época, y publicando  una novela pastoril, La Galatea, de la que siempre prometió una segunda parte que jamás llegó a imprimirse.

En 1587, por fin, consigue un puesto de trabajo estable como recaudador de impuestos para la Armada Invencible en Andalucía, por lo que recorre muchas veces el camino hacia Madrid, que atraviesa La Mancha. Luego se establecerá en Sevilla, también como recaudador,  trabajo poco agradable, porque debía ir por las casas cobrando la contribución para las guerras en las que estaba embarcada España. Para colmo de males, la quiebra del banco donde depositaba los fondos e irregularidades en sus cuentas  hacen que sea encarcelado en 1597, acusado de quedarse con parte del dinero público que recaudaba. Todo un mazazo para el que unos años antes soñaba con la gloria militar al servicio de la patria.

Y será precisamente en la cárcel donde empiece a gestarse el Quijote, como él mismo manifiesta en el prólogo (aunque  emplea la palabra "engendrar", por lo que no sabemos si se refiere a que comenzó a idearlo o a escribirlo estando en prisión). Cuando sale de la cárcel (que no se sabe exactamente cuándo fue)  se instala en Valladolid, que el nuevo rey Felipe III había establecido como capital de la Corte, y bajo el mecenazgo del conde de Lemos, al que dedica muchas de sus obras, comienza su etapa más fecunda en lo que a letras se refiere, que continuará cuando la Corte (y con ella, el propio Cervantes) se trasladen a Madrid.

Asi, en 1605 aparece la primera parte de el Quijote, con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que conoce un éxito fulminante e inmediato, con muchas reediciones y traducciones a otras lenguas. En 1613 aparecerán sus Novelas ejemplares (que por sí mismas ya le habrían reservado un puesto de honor en la historia de nuestra literatura). En 1614 publica su largo poema de crítica literaria Viaje al Parnaso; en 1615, un conjunto de obras teatrales bajo el título de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados, título elocuente de su sensación de fracaso en el ámbito teatral, ya que el público prefería las obras de su principal rival literario, Lope de Vega, convertido ya en todo un ídolo de masas. Ese mismo ao se publica la segunda parte del Quijote (El ingenioso cabellero don Quijote de la Mancha). Su obra más ambiciosa, el Persiles y Sigismunda, a la que dedicó mucho tiempo y muchas promesas en las obras que iba publicando,  no aparecerá hasta un año después de su muerte (es decir, 1617).

Sus últimos años son muy fecundos en lo literario, pero cada vez más tristes en lo personal. Uno de los censores de la segunda parte del Quijote, al ser preguntado por Cervantes, famoso ya como autor de El Quijote, lo describe como viejo, soldado, hidalgo y pobre. A las difíciles relaciones con su hija, se une el verse involucrado en un extraño asesinato ocurrido en su vecindario, las muertes de varios de sus hermanos, las estrecheces económicas, los crecientes problemas de salud y el desánimo, sin duda acentuado por los años y  el peso de algunos fracasos y enemistades (de las que da cuenta, por ejemplo, la publicación del Quijote falso de Avellaneda, con su hiriente prólogo, en el que el autor que se esconde tras el pseudónimo se burla de la edad de Cervantes, de su condición de manco e incluso de su pericia como escritor). A todo esto hay que añadirle la intuición de la proximidad de la muerte. Este desánimo, perceptible en muchos aspectos en la segunda parte del Quijote, se cuela directamente en alguno de sus escritos. Por ejemplo, el prólogo al Persiles, que dictó un par de días antes de morir:
Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida [...]. Adiós gracias; adiós donaires; adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida. 
Y sin embargo, Cervantes conseguirá finalmente eterno nombre y fama, como marcaban los ideales renacentistas de su juventud ,siendo el escritor por antonomasia  de nuestras letras y no solo de nuestras letras. Conmemorando la fecha de su muerte se celebra el Día del Libro, el 23 de abril, Cervantes se llama uno de los premios más importantes de nuestras letras, el Instituto que vela por  nuestro idioma en todo el mundo y la Biblioteca Virtual más importante de nuestra literatura (donde, por cierto, podéis encontrar una completísima sección dedicada a él, que incluye una detallada biografía)

Y todo esto gracias, en gran medida, a  un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados por otro alguno. Un hijo que, como el propio Cervantes, quiso ser caballero, y vivir aventuras, y llevar a cabo hazañas que le proporcionaran eterno nombre y fama, en una realidad empeñada en derrotarle, como al propio Cervantes. Un hijo díscolo, rebelde y soñador que se puso a sí mismo el nombre hoy indisolublemente unido al de Cervantes: Don Quijote de la Mancha. 

Porque tanto Cervantes como el Quijote logran finalmente vencer a la gris realidad que les niega la gloria en las armas gracias a las letras. Es decir, gracias a la literatura. De ahí que merezcan ser, sin ninguna duda,  el icono literario por excelencia.

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