martes, 28 de febrero de 2017

El lenguaje de las Farfanías."Palabras como flores silvestres que no hay que regar"

"Las primeras palabras que escribió Sara en aquel cuaderno de tapas duras que le había dado su padre fueron río, luna y libertad, además de otras más raras que le salían por casualidad, a modo de trabalenguas, mezclando vocales y consonantes a la buena de Dios.

 Estas palabras que nacían sin quererlo ella misma, como flores silvestres que no hay que regar, eran las que más le gustaban, las que le daban más felicidad, porque sólo las entendía ella. Las repetía muchas veces, entre dientes, para ver cómo sonaban, y las llamaba “farfanías”. Casi siempre le hacían reír.

– Pero ¿de qué te ríes? ¿Por qué mueves los labios? – le preguntaba su madre, mirándola con inquietud.
– Por nada. Hablo bajito.
– ¿Pero con quién?
– Conmigo; es un juego. Invento farfanías y las digo y me río, porque suenan muy gracioso.
– ¿Que inventas qué?
Farfanías
- ¿Y eso qué quiere decir?
– Nada. Casi nunca quieren decir nada. Pero algunas veces sí.
– Dios mío, esta niña está loca.
Sara fruncía el ceño.
-Pues para otra vez no te cuento nada. ¡Ya está!

Rod no tenía el menor complejo de superdotado. Le estorbaba todo lo que tuviera que ver con la letra impresa, y a Sara nunca se le ocurrió compartir con él el lenguaje de las farfanías, que ya al cabo de los cuatro primeros años de su vida contaba con expresiones tan inolvidables como “amelva”, “tarindo”, “maldor” y “miranfú”. Eran de las que habían sobrevivido.

Porque unas veces las farfanías se quedaban bailando por dentro de la cabeza, como un canturreo sin sentido. Y esas se evaporaban en seguida, como el humo de un cigarrillo. Pero otras permanecían tan grabadas en la memoria que no se podían borrar. Y llegaban a significar algo que se iba adivinando con el tiempo. Por ejemplo, “miranfú” quería decir “va a pasar algo diferente” o “me voy a llevar una sorpresa”.
                                             Carmen Martín Gaite.Caperucita en Manhattan


Así canta Guillermo Cabrera Infante, en Tres tristes tigres, sus "Borborigma Darii" todo un poema con farfanías.



Leedlo en voz alta para percibir su sonoridad. Después, intentad escribir otro, más breve, con la misma técnica.

"Maniluvios con ocena fosforecen en repiso.
Catacresis repentinas aderezan debeladas
maromillas en que aprietan el orujo y la regona,
y esquirazas de mili rebotinan el amomo.
¿No hay amugro en la cantoña para especciar el gliconio?
Tufararas vipasanas paloteabean el telefio.
La reata de encellado, ¿no enfoscaba el propíleo?
¡Ah, cosetanos bombés que revulsan en limpión!
Tunantada enmohecida se fulmina en la diapente.

 Pastinacas de diapreas opositan
el frimario mientras pecas de satirio
afollaban los fosfenos del litófago en embrión.
¡No hay marisma!
Los ibídemes de prasma refocilan
en melindres y a su lado la gumía jaraneaba un notocordio
en trisagios de silbón.
Gurruferos malvaviscos
juntamente en metonimias desancoraban la gubia
para pervertir la espundia y abatanar el cachú.
¡No hagan olas!
Cachondeos poliglotos prefacionan el azur
y amartelan el rehílo de alcatifas en palurdo,
otrosíes de la fullona dorada en el conticinio
¡Vale reis!
¿No entrelinean el dilúculo?
¡Prior pautado!
Volapiés de sonajeros atafagan el boquín
y en las dalas, en las dalas de Gehenna
recurvan los borborigmos de la simonía de abril."

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