domingo, 17 de enero de 2016

Jorge Manrique y Las coplas a la muerte de su padre


Jorge Manrique debe su fama a sus "Coplas a la muerte de su padre", el Maestre don Rodrigo. Con esta obra quiso el poeta rendir tributo al que fue su ejemplo en la vida, e inmortalizando al héroe, se inmortalizó a sí mismo. 
Se trata de una dolorosa elegía en la que lamenta sentenciosa y melancólicamente la inestabilidad de los bienes de la fortuna, la fugacidad de las vidas humanas y el poder igualatorio de la muerte. La virtud personal es lo único que desafía al tiempo y al destino. Tras una reflexión filosófica con la esperanza de una vida futura, hace el elogio fúnebre de su padre.
Manrique basa su poema en el contenido: hace que predomine el pensamiento sobre la palabra, lo que le convierte en el poeta medieval más influyente en la poesía moderna.
Jorge Manrique nos ofrece en sus Coplas una serena  meditación impregnada de un sentimiento hondo y sincero, no exento de melancolía, del paso del tiempo, la caducidad de todas las glorias y bienes mundanos, la inestabilidad de la fortuna y la fuerza igualitaria de la muerte que no respeta poderes ni riquezas. Pero al mismo tiempo se exalta los bienes que resisten el paso del tiempo, la inestabilidad de la fortuna y el poder destructor de la muerte. Son las virtudes que nos abren las puertas de la eternidad, conquistada con el ejercicio de una vida cristiana ejemplar.
Así el hombre puede desafiar al tiempo como lo hizo su padre don Rodrigo Manrique.
Métrica
El texto está compuesto por 40 estrofas (coplas) de pie quebrado.Cada copla está compuesta por dos sextillas (6 versos) con rima independiente.
Cada sextilla tiene dos partes de tres versos cada una: 2 versos octosílabos y uno tetrasílabo (o pentasílabo). 
Su fórmula métrica es por tanto: 8a 8b 4c 8a 8b 4c; 8d 8e 4f 8d 8e 4f:
Había sido utilizada anteriormente por otros poetas, pero adquirió su mayor difusión con Jorge Manrique, por lo que ha pasado a denominarse "copla manriqueña".
Temas y tópicos
En Las coplas a la muerte de su padre se recoge una constelación de temas procedentes del complejo cultural elaborado a lo largo de toda la Edad Media. Este bagaje tradicional sobre el que se construye nuestro poema queda definido por un conjunto de tópicos en torno a los cuales se articula el pensamiento medieval.
Estos tópicos consisten en una serie de verdades que, sancionadas por la autoridad de la Iglesia, eran asumidas con toda sinceridad. Sobre ellos se sustentaba una visión global del mundo que establecía el cauce del comportamiento humano.
Manrique lleva a cabo una cuidada selección de estos temas básicos y nos los presenta formando un entramado que los relaciona hábilmente entre sí. Esta es la razón de que en su poema se haya querido ver una brillante síntesis de la cultura medieval.Los temas más importantes son los siguientes: 
TIEMPO (Tempus fugit irreparabile)
Siempre acompañado de la idea de fugacidad, de fluir constante. El presente no existe, ya que es imposible capturarlo, el futuro se va transformando en sucesivos presentes inasibles, por lo que al final, todo se reduce al pasado; esto nos introduce al cultivo de lo espiritual pero no evita la angustia de sabernos de materia temporal y fugaz.
LA FORTUNA 

La Fortuna es un azar ciego que desencadena las tragedias humanas. Se la representa como una rueda presurosa e inestable que reparte caprichosamente la felicidad y la desgracia. Esta es la interpretación pagana que coincide con la de la Antigüedad Clásica. Pero esta interpretación no es conciliable con el cristianismo, para el que todos los acontecimientos obedecen a los designios de la Providencia; por eso algunos poetas la presentan como una delegada de Dios. La imagen que presenta Manrique se aproxima a la concepción pagana: su naturaleza mudable es un motivo más paraque el hombre rechace los bienes de este mundo.
EL MUNDO (Vanitas vanitatis y  De contemptu mundi)

El Mundo es un lugar de paso, una morada provisional y ajena donde el hombre tiene la oportunidad de conseguir la salvación de su alma. Las reflexiones sobre la vida y la muerte, parten del supuesto de que nada en este mundo posee auténtico  valor; la actitud sabia consistirá pues en desdeñar todo lo terrenal. Los valores del mundo carecen de consistencia por estar sometidos a la acción de tres claros enemigos: el tiempo, la fortuna y la muerte. Lo único cierto es la caducidad de los bienes terrenales. Los bienes mundanales( belleza, juventud, fortuna, poder...), con el paso del tiempo y la muerte se terminan, desaparecen. El mundo es el enemigo del alma y la muerte, la verdadera (la muerte como tránsito =idea cristiana). El mundo es inmundo.
Sin embargo, la serenidad con que Manrique enfrenta a la muerte lo aleja del espíritu del género medieval
De contemptu mundi (Sobre el menosprecio del mundo), que retrataba la vida como una sucesión de miserias y presentaba la muerte como una fétida y vergonzosa derrota del cuerpo. 
LA FAMA


Dentro de la visión teocéntrica de la Edad Media, el hombre sólo encontraba su sentido en la subordinación a los valores religiosos, de forma que toda labor personal de mérito, se diluía en la colectividad, de aquí que la mayor parte de autores quedaran en el anonimato. En el s. XV se afianza una visión antropocéntrica de la realidad modificándose la perspectiva; las obras se convierten en objeto de admiración hacia su autor.
Para Manrique, es la memoria ejemplar que los que mueren legan a los que quedan. Manrique considera que la virtud es la única defensa no sólo frente a la fortuna, si no también frente al tiempo y la muerte. La fama, consecuencia de una vida de honor, vence al tiempo y sobrevive a la muerte. Así, al presentar el retrato de su padre, insiste en que sus hechos famosos son una consecuencia de su vida ejemplar. De aquí se desprende la teoría de las tres vidas: la terrenal, la de la fama y la eterna. De todas formas, la fama también es efímera porque la vence el olvido. De modo que, la única manera de derrotar a la muerte es con la vida eterna, la de los bienaventurados en el paraíso.

LA MUERTE
A finales de la Edad Media, se produce auténtica obsesión por la muerte. Este hecho  coincide con el pesimismo provocado por el desastre económico y demográfico que causa la peste negra y que deja veinticinco millones de víctimas mortales en Europa a fines del siglo XIV. Las epidemias y los enfrentamientos bélicos hacen lógico que las gentes pensaran que su muerte podía ser inminente y que en muchas personas se despertara el deseo de entregarse a los placeres de la vida antes de abandonarla.
Para evitar esa reacción hedonista apareció en la segunda mitad del XIV un nuevo espectáculo a caballo entre el folclore y la literatura: las Danzas de la Muerte, en las que ésta invita a bailar a diferentes personajes: el rey, el obispo, el médico, etc.
Es la muestra del poder igualatorio de la muerte. La presencia de la muerte misma como personaje pintado con rasgos horripilantes (el esqueleto con la guadaña), que señala a cada mortal con el dedo. La muerte es el corifeo de una danza macabra en la que hay que participar inexcusablemente.
Manrique aprovecha varios de los rasgos de la danza, en particular la caracterización de la muerte como un personaje alegórico que llama a su padre para afrontar el duro trance que le espera. Sin embargo, optó por representarla de una forma más bella que tétrica, como complemento de la vida. Don Rodrigo mantiene un diálogo tranquilo con la Muerte y no usa el tono rebelde e insolente de los personajes de las Danzas.
Las Coplas reflejan la influencia de ciertos manuales prácticos que aparecieron a principios del siglo XV, las Artes moriendi (Artes de morir), escritos en latín y que daban consejos para tener una muerte digna y plácida.
Así pues, Manrique recoge toda la tradición medieval sobre la muerte que había venido destacando:
•su poder igualatorio y democrático: la vida discrimina, pero la muerte nos iguala
•su aparición imprevisible e inoportuna
•su poder destructor
•su carácter ineludible
•su imagen macabra
•su crueldad
Pero, Manrique supera esa concepción aterradora para darle otra trascendente. Si la muerte es una realidad incuestionable, el hombre debe:
•aceptarla con serenidad
•considerarla como el descanso del mundo,la liberación de las penalidades y la puerta de la eternidad si has llevado una vida heroica y virtuosa.
Para ejemplificar con referencias concretas la fugacidad e inestabilidad de los bienes mundanos recurre a la convención retórica del Ubi sunt? (¿Dónde están los que vivieron antes que nosotros?) consistente en preguntar por el paradero de poderosos personajes del pasado inmediato; pero la respuesta es el silencio. Este silencio representa a lo que han sido reducidos por la Fortuna, el Tiempo y la Muerte: a la nada. 

 Estructura y Análisis 
Si bien existen diversos intentos para dividirlas, la más frecuente es la DIVISIÓN TRIPARTITA (recordemos que el 3 es un nº clave para la numerología medieval). La más repetida es la que propuso Pedro Salinas: de lo más general a lo más particular
1) COPLA I-XIII: es la parte más filosófica. Se inicia el poema con unas consideraciones de tipo general en torno a la fugacidad de la vida terrenal y la inestabilidad de las cosas mundanas.
2) COPLA XIV-XXIV: ejemplificación de los puntos anteriores.
Alude a otro tipo de vida menos efímera: la vida de la fama y la ilustra con un lucido y solemne desfile procesional de muertos ilustres perfectamente jerarquizado: a la cabeza el rey don Juan y detrás toda la corte de grandes señores.
3) COPLA XXV-XL: Introduce el tercer tipo de vida, la que triunfa sobre las otras dos: la vida eterna, ejemplificada en Don Rodrigo Manrique. Aquí se produce la individualización del tema del poema: la muerte. Finaliza pues, con el elogio particular de don Rodrigo (esta parte se inscribe dentro de la tradición literaria del panegírico de héroes y soberanos) y el diálogo que mantiene con la muerte, tras el cual viene la aceptación, la oración final y el paso definitivo. 

AQUÍ puedes leerlas

Coplas a la muerte de su padre (LIbro LIM) 
 

Coplas a la muerte de su colega (Luis García Montero)


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