miércoles, 20 de enero de 2016

El Romancero

Los romances son cancioncillas épico-líricas de versos octosílabos y rima asonante en los pares, que se distinguen por su brevedad e intensidad.



 Orígenes, autoría y difusión.
Existen diversas teorías sobre su origen:
  1. Los Románticos alemanes ven los romances como obra primaria de un poeta-pueblo o alma del pueblo que expresa espontáneamente su auténtico espíritu nacional (volkgesist). En su opinión son anteriores a los cantares de gesta, que resultarían de la adición de varios de ellos que trataran el mismo tema.
  2. La teoría tradicionalista, sustentada fundamentalmente por Menéndez Pidal, defiende lo contrario, es decir, que los romances provienen de los cantares de gesta. En España, cuando los cantares de gesta comenzaron a decaer, el pueblo recordó persistentemente muchos de los fragmentos más famosos y los cantó aislados. Pierden importancia muchos elementos narrativos (épicos) y se desarrollan los subjetivos y sentimentales (líricos). También la forma métrica de los romances se explica a partir de los cantares: los versos octosílabos con rima asonante en los pares proceden de los dos hemistiquios de versos épicos de 16 sílabas (aunque la medida era fluctuante se regulariza en el siglo XIV).
Sobre la autoría de los romances se sabe que se trata de obras anónimas (sólo en muy pocos casos –reelaboraciones cultas– se conoce el nombre del autor). No obstante, la anonimia no significa que no haya existido, en los orígenes de cada romance, un autor individual, aunque por lo general desconocido. Menéndez Pidal puso de manifiesto la importancia de la transmisión oral de los romances (que se aprenden de oírlos y se memorizan para cantarlos). A su vez, la transmisión oral supone una continua recreación del texto (sometido por tanto a las variaciones de cada recitador): en el proceso de transmisión cada transmisor deja su huella en el texto, lo recrea de alguna manera y lo transmite a otro con sus propias modificaciones. De ahí que Pidal afirme que el romance “vive en variantes” y que tiene una vida latente, “que quiere decir que un determinado tema romancístico ha podido ser memorizado y cantado durante siglos sin que nadie lo haya puesto por escrito o, al menos, sin que se nos haya conservado ningún texto escrito de él”.
 Clasificación
Uno de los romances líricos más famosos es "El enamorado y la muerte"

Según la temática podemos clasificar los romances en los siguientes grupos:
  1. Romances inspirados en mitos épicos. Abarcan los ciclos de don Rodrigo, Bernardo del Carpio, los condes de Castilla, los infantes de Lara y el Cid.
  2. Romances históricos y fronterizos. Surgen, poco más o menos, a raíz de los hechos y tienen una finalidad informativa y propagandística. Su artificiosidad y lirismo no invalidan el carácter informativo, aunque la realidad se muestra estilizada y distorsionada en ocasiones. El grupo más importante lo constituyen los que narran los conflictos bélicos entre moros y cristianos (fronterizos).
  3. Romances inspirados en los mitos caballerescos. La épica francesa aportó abundantes temas a nuestro romancero. El ciclo carolingio gira en torno a las hazañas de Carlomagno y sus paladines y el ciclo bretón lo hace en torno al rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. La trama es extremadamente novelesca.
  4. Romances líricos y novelescos. Son fruto de la invención, no parten de un acontecimiento concreto, aunque pueden derivar de fuentes más o menos remotas. Se puede ver en ellos la manifestación del subconsciente colectivo, ya que desarrollan motivos folclóricos y leyendas universales que cada pueblo adapta a su peculiar sensibilidad . En los propiamente líricos la acción queda reducida al mínimo.
  5. Romances inspirados en la Biblia y en la antigüedad clásica. No son muy frecuentes (se prefieren los temas profanos) y además presentan un carácter marcadamente erudito y artificioso.
Según su datación y difusión, podemos agrupar los romances en las siguientes clases:
  1. Romancero viejo: romances documentados entre fines de la Edad Media y mediados del siglo XVI.
  2. Romancero nuevo: composiciones del siglo XVI (sobre todo a partir de 1580) de destacados autores (Lope de Vega o Góngora) que imitan la forma métrica y determinadas convenciones literarias de los viejos, pero al servicio de un nuevo concepto de poesía.
  3. Romancero vulgar: producido a partir del siglo XVII para uso de las clases populares urbanas (de donde luego irradió al mundo rural) por autores pertenecientes a esa misma clase social y difundido mayoritariamente a través de pliegos sueltos de ínfima calidad y del propio canto. Se incluyen en este grupo los romances de ciego (muchos de los transmisores lo eran) o de cordel (pues los pliegos se colgaban como si de prendas de ropa del mercadillo se tratase).
  4. Romancero tradicional: romances de todas las épocas y de todos los estilos que han sido transmitidos oralmente (cantados) durante un periodo más o menos largo de tiempo por una cadena sucesiva de individuos.
 Estructura, evolución, características formales y estilo

En cuanto a su estructura, cabe distinguir entre
  1. Romance-cuento, que desarrolla una acción extensa con antecedentes, nudo y desenlace; se aproxima a la técnica del relato popular.
  2. Romance-escena: sólo recoge una situación momentánea. Predomina esta modalidad.
Un rasgo fundamental de los romances es su fragmentarismo. Suelen comenzar in medias res, ex abrupto, es decir, se entra directamente en materia prescindiendo de los preliminares. La acción suele estar muy concentrada. Asistimos sólo a situaciones climáticas que se abordan de forma directa e incluso brusca.
Respecto a su evolución, los romances más antiguos que conocemos pertenecen en su inmensa mayoría al siglo XV; sólo unos pocos se remontan al siglo XIV (el más antiguo fechado es de 1312). Muchas de las versiones que conservamos son del siglo XVI, cuando se llevaron a la imprenta numerosos textos recogidos primero en pliegos sueltos y después en colecciones. El interés culto por los romances surge a finales del siglo XV, particularmente en la corte de los Reyes Católicos.
Formalmente, los romances reúnen rasgos específicos de cada uno de los tres géneros literarios: narrativa, lírica y drama.
El diálogo es un elemento capital. La preferencia por el estilo directo confiere mayor vivacidad. Se hace uso de juegos de preguntas y respuestas y es frecuente la utilización de determinadas fórmulas introductorias, tales como “allí respondiera el moro, / bien oiréis lo que decía”. Otro factor clave es la reiteración, la cual denota una técnica de composición oral. La presencia del paralelismo reforzado con una anáfora es una constante. También se da la respuesta-calco, que repite el contenido de la réplica anterior, la mayoría de las veces para negarlo. El romancero hereda de la épica el lenguaje formular propio de la composición oral (también rastreable en las repeticiones y las fórmulas introductorias).
Los romances hacen uso de una expresión ennoblecida y estilizada, en ningún momento trivial o coloquial: se busca conseguir un tono arcaizante que ayude a ambientar las escenas en un pasado remoto. Se ha puesto de manifiesto repetidas veces el uso anómalo e incluso anárquico que el romancero hace de los tiempos verbales.

MATERIAL COMPLEMENTARIO:

 La Biblioteca Virtual Cervantes ha digitalizado el Romancero General o Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, si te apetece leerlos, haz clic aquí.
La Universidad de Washington ha creado una base de datos panhispánica de romances. En ella podrás leer numerosos romances clasificados por su época, el lugar de procedencia, la lengua, el tema y la disponibilidad de la música. Muy interesante.
La caza del tesoro
Antología de romances
Romances viejos
Romances viejos
Antología de romances viejos 
El Romancero 
Lecturas.Romance

A los romances se les ponía música. Aquí podéis ver una versión musicalizada del Romance del enamorado y la muerte


El magnífico Romance del prisionero:


ACTIVIDADES INTERACTIVAS SOBRE LOS ROMANCES

No hay comentarios:

Publicar un comentario